Lejos de disuadir a los «solicitadores» y de forzarlos a desistir de sus aviesos propósitos, la exagerada publicidad del asunto y de sus detalles más minúsculos (como por ejemplo la gran capacidad económica de los chinos) parece estar inclinando a algunas jovencitas necesitadas del lugar a buscar la compañía de los asiáticos, a cambio -claro está- de limpiarles la billetera.
Claramente se está produciendo en este aspecto un «efecto llamada» de imprevisibles consecuencias para la sociedad güemense.
Por otro lado, y en una dirección aparentemente contraria, se transmite el mensaje de que cualquier «approach» de un ciudadano chino a una güemense es constitutivo de delito, aun cuando no haya dinero de por medio.
Esta impresión equivocada está haciendo que la Policía ponga más atención sobre los movimientos de los chinos que sobre los de quienes se les acercan con variadas intenciones.
Chinos y jóvenes güemenses debieran ser libres para entablar amistad o relaciones que deseen y de realizar los intercambios que deseen, siempre en base al libre consentimiento adulto y con los límites establecidos en el Código Penal, que por otra parte son muy claros y bastante parecidos a los de la legislación china.



