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  • A Dios lo que es del César
  • La separación entre el Estado y la Iglesia ha sufrido hoy en Salta un retroceso de aproximadamente cuatro siglos y medio.
Mario Antonio Cargnello, Arzobispo de Salta
Mario Antonio Cargnello, Arzobispo de Salta

Sin pensárselo mucho, el gobierno provincial ha anunciado en su página oficial que el operativo de seguridad diseñado por el ministerio del mismo nombre y que será ejecutado con mano de hierro por la Policía de Salta, «es articulado con el Arzobispado de Salta».


No sabemos muy bien en qué consiste exactamente esta «articulación», porque no parece ser exactamente igual a la que protagonizan, de vez en cuando, Uluncha Saravia con Jarsún.

Sin embargo, es muy posible que el Arzobispo de Salta -junto a sus probadas dotes pastorales y su alta cualificación teológica- haya desarrollado sólidos conocimientos en materia de seguridad vial y control de rutas.

Es probable que esta sorprendente cualificación eclesial se haya visto inesperadamente reforzada hace cuatro meses atrás, cuando el titular de la Archidiócesis local fue «cazado» conduciendo su vehículo sin papeles y después de haber tomado algunas copas.

Igual que en 1690, cuando el padre Carrión avisó que se debía sacar a pasear a las Imágenes para detener los terremotos, a comienzos de mayo de este año, se produjo otro milagro no menos prodigioso: El Arzobispo pudo reanudar su marcha como buen cristiano sin ser multado ni retenido su vehículo.

Ahora, así como el Arzobispo diseñará junto a su estado mayor el diagrama de los «nodos» de peregrinos y decidirá dónde se van a apostar los controles de ruta, el Ministerio de Seguridad y Justicia, a modo de devolución de atenciones, se ocupará de algunas cuestiones espirituales íntimamente conectadas con la festividad y el culto.

Se espera así que Defensa Civil planifique la Eucaristía y que la División de Policía Vial ocupe el púlpito en la misa de hombres, pero no para dar consejos de seguridad a los conductores, sino para aconsejar a los feligreses sobre cómo salvar su alma.

Los curas, por su parte, irán a pedir la cédula verde al Portezuelo y a firmar alcoholemias presuntas; todo ello, sin poder emitir indulgencias plenarias, facultad que todavía ostenta el nunca bien ponderado Tribunal de Faltas.

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