Uno de los que no le «obedeció» fue el Gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, quien, emulando a su cuñado Martín de los Ríos, se colocó orgulloso el poncho rojo en el hombro izquierdo y así salió en todas las fotos.
Sáenz ha dicho con claridad: «A mí nadie me dice cómo vengo». Pero, a continuación, ha añadido una frase muy discutible, que algunos interpretan como la fundación de una corriente historiográfica llamada «cardio-güemesianismo»: «Vengo con Güemes en el corazón, siempre».
La permanencia atemporal de Güemes en el corazón de Sáenz es un poco complicada de definir, pero es casi seguro de que sería mucho mejor que el Gobernador de la Provincia llevara en su corazón a sus comprovincianos, a su esposa, a sus hijos, a sus nietos. Y no por motivos ideológicos, sino más bien capilares (Güemes es demasiado peludo para llevarlo dentro del pecho).
Pero como el Presidente dictó un «dress code» y no un «heart code», a menos que el servicio presidencial de ceremonial sometiera a Sáenz a una ecografía cardiaca, nadie -ni Milei ni el arzobispo Cargnello- puede llegar a saber qué es lo tiene adentro el sacratísimo corazón del Gobernador de Salta.