Cualquiera que interprete desapasionadamente estas palabras del Gobernador, podrá pensar que las señoras Silvina Vargas, Romina Arroyo, Carina Iradi y Ana Elizabeth Acosta no son nada más que un lastre para evitar que la nave se incline peligrosamente de un lado. Son poco menos que peso muerto y su utilidad no es mayor a la de una piedra para trancar la puerta.
De haberlo hecho, se podría pensar que Sáenz las ha preferido claramente a los hombres, por ser más capaces que cualquiera de ellos. Pero no. Del discurso solo se desprende que están allí «porque son mujeres».
En algún caso, parece que no son solo «mujeres» sino también «mujeres de», pues los dedos de la mano no alcanzan para contar los matrimonios designados por Sáenz en el gobierno, y que más que «paridad de género» parecen hacer realidad el sueño de los dos sueldos.
Demostración
Cada vez que un hombre ha jurado como ministro o secretario de Estado, jamás el Gobernador ha dicho en su juramento que lo ha nombrado para que «pueda demostrar su valía como dirigente social y político».A los hombres se les presume tal valía. Las mujeres, por el contrario, deben demostrarla, pues, según ha dicho Sáenz, se ha nombrado a estas cuatro mujeres para lo siguiente:
1) Estabilizar la balanza (que se ve que estaba medio inestable) y
2) Demostrar la valía como dirigentes sociales y políticas.
Es la igualdad llevada al paroxismo.