La exclusión, ahora superada, había sido atribuida al lobby cigarrero (no confundir con el tabacalero) comandado por un enigmático pero poderoso personaje que se hace llamar «Señor Tabaco» y cuyos cantos de sirena sedujeron a un puñado de legisladores, entre ellos algunos salteños.
Algunos legisladores salteños que votaron a favor del «Señor Impuesto» sostienen que se trató de observar los acontecimientos con «una mirada federal».
Probablemente, lo que habría que hacer en este tema es tener «una mirada pulmonar» y reducir el poder dañino que actualmente acumulan tanto los productores de la hoja como los fabricantes de cigarrillos, para que al «Señor Tabaco» y al «Señor Impuesto» no les junte la cabeza el «Señor Adenocarcinoma».

