Pero el aumento de los impuestos a los cigarrillos es más una buena noticia por elementales razones de salud pública que por la mera contabilidad del Fondo Especial del Tabaco o por el cálculo económico de la producción regional.
Parece muy evidente que el aumento de la presión fiscal sobre las empresas que fabrican cigarrillos va a impactar directamente en el precio del producto final, que provoca tantas muertes innecesarias y evitables por año.
El Banco Mundial -el mismo al que Salta recurre con frecuencia para financiar sus infraestructuras- un incremento del 10% en el precio de los cigarrillos reduce el consumo en un 4% en los países de ingresos altos, y en un 5% en países con ingresos medios y bajos. Por eso, en 2017, esta entidad mundial afirmaba que los
Se basaban en el informe de la Organización Mundial de la Salud sobre la epidemia mundial de tabaco, que data del año 2015, en el que aborda específicamente el tema del aumento de los impuestos al producto y se afirma que gravar más duramente el tabaco es la forma más efectiva de reducir su uso.
La OMS ha dicho que el aumento de los impuestos al tabaco a más del 75% del precio de venta es una de las medidas más efectivas para controlar la epidemia, especialmente entre los más jóvenes y los más pobres.
No solo aumenta el precio del producto y, por ende, desestimula el consumo, también cuesta muy poco a los gobiernos de implementar y aumenta los ingresos públicos, ingresos que podrían ser reinvertidos en programas de salud. En el caso de la Argentina no está específicamente previsto que los impuestos al tabaco vayan a parar a salud pública, pero ya es (o ya era, para mejor decir) un buen paso aumentarlos.
En Brasil, por ejemplo, el consumo de tabaco en adultos cayó un 46% entre 1989 y 2010. Se cree que la mitad de ese descenso se debe al aumento de los impuestos en el cigarrillo y otros derivados del tabaco.
Una muerte cada seis segundos
El tabaco probablemente es la causa de mortalidad más prevenible, pero provoca una muerte cada seis segundos. Se estima que 600.000 muertes prematuras al año son de “segunda mano” (o fumadores pasivos); es decir, de aquellas personas que están expuestas al humo del cigarrillo pero que no son fumadores.Un 22% de la población mundial mayor de 15 años es fumadora. A pesar de una reducción significativa a nivel global en la prevalencia del tabaquismo, el número real de los fumadores ha aumentado significativamente en las últimas tres décadas, como resultado del crecimiento demográfico. En 2012, se estima que cerca de mil millones de personas eran fumadores, frente a los 721 millones en 1980.
Además, casi 80% de los mil millones de fumadores vive en países de ingresos medio y bajo. Mientras que Chile y Uruguay encabezan la mayor prevalencia de tabaquismo entre las mujeres latinoamericanas, Argentina y México figuran entre los países de América Latina en que el consumo de tabaco ha descendido significativamente desde 1980, de acuerdo a información proporcionada por el Institute for Health Metrics and Evaluation (HME), de la Universidad de Washington.
Aunque el aumento de los impuestos al tabaco en la Argentina termine beneficiando a unos productores clientelares y poco eficientes, siempre será mejor mantener los impuestos altos, para que el consumo siga descendiendo en la Argentina, para reducir las muertes, y para que la salud pública mejore en términos globales y emplee menos recursos que se pueden dedicar a otras patologías.