Ayer mismo, uno de los nuevos triunviros de la Confederación General del Trabajo urgió al gobierno nacional a llevar a cabo primero la reforma tributaria que la laboral, allanando de hecho el camino para la primera, pero no para la segunda.
¿Es posible que los sindicatos apoyen una rebaja general de los impuestos? En la Argentina, sí lo es, porque lo que se desprende de las palabras de Sola es «les dejamos recortar el gasto público y suprimir partidas esenciales para el bienestar de los trabajadores y las clases más desfavorecidas, a cambio de que no toquen el modelo sindical. Hasta ahí podíamos llegar».
Pero para enfocar esta cuestión desde un ángulo más bien «normal», detengámonos por un momento en lo que dice la Confederación Sindical Internacional (ITUC-CSI) acerca de por qué debería importarle a los sindicatos el tema de los impuestos.
En la parte más alta de las razones figura el combate contra las desigualdades, tema especialmente sensible para los sindicatos.
«Es sabido que los impuestos influyen en muchos aspectos del bienestar social. El gasto público financia servicios fundamentales como la sanidad, la educación, el cuidado infantil y la vivienda social gratuitas. Ante la falta de ingresos fiscales suficientes, se aplican restricciones presupuestarias que conllevan privatizaciones y recortes importantes en los servicios públicos. Esto afecta más a las personas que viven en la pobreza o con bajos ingresos que a las personas ricas», dice ITUC-CSI en un documento oficial.
Recuerda también la Confederación Sindical Internacional que los sindicatos llevan mucho tiempo movilizándose contra las medidas de austeridad, exigiendo una tributación cada vez más progresiva para redistribuir los ingresos con el fin de combatir las desigualdades y promover la equidad en nuestras sociedades.
En la mayor parte del mundo civilizado, los sindicatos abogan por la recuperación de la tributación progresiva, objetivo frontalmente contrario a la «bajada de los impuestos» que propone la CGT argentina, a cambio de no tocar el modelo sindical.
La tributación progresiva tiene por objeto aplicar tipos impositivos más altos a las rentas más elevadas, y al mismo tiempo evitar que las personas con mayores ingresos tengan más facilidad para evadir los impuestos que las personas con menores ingresos.
Los trabajadores —dice ITUC-CSI— pagan un precio doble por estas políticas. En primer lugar, los presupuestos públicos se reducen, lo que conlleva medidas de austeridad y una inversión insuficiente en servicios públicos y sistemas de protección social. En segundo lugar, la carga fiscal se traslada de los ingresos más altos a los hogares y trabajadores.
Por lo tanto, los sindicatos tienen un claro interés en las reformas fiscales que implementen una mayor tributación de las rentas más altas y un impuesto sobre el patrimonio.
Pero, además de todos estos objetivos, el activismo sindical sobre la tributación persigue reducir la brecha de ingresos entre los trabajadores y las personas con mayores ingresos. Los impuestos son la forma más efectiva de lograr una mayor cohesión social.
Dice ITUC-CSI: «La participación de los trabajadores en la renta nacional se refiere a la cantidad de renta nacional que se paga a los trabajadores en forma de salarios y prestaciones. Si bien los beneficios del aumento de la productividad se han concentrado en el capital, la participación de los trabajadores en la renta nacional ha disminuido constantemente a nivel mundial. Esta creciente brecha entre los ingresos del capital y los ingresos laborales está asociada con el aumento de las desigualdades en nuestras sociedades. En otras palabras, los ricos se están enriqueciendo, lo que alimenta el resentimiento económico e impulsa el populismo».
Las políticas fiscales pueden desempeñar un papel fundamental en la reducción de la brecha de ingresos al aumentar la carga tributaria de los propietarios de capital. Además, pueden dirigirse específicamente a las multinacionales con un poder de mercado casi monopólico, para abordar las rentas económicas y su impacto negativo en el empleo, o actividades como la especulación financiera, que suelen ser realizadas únicamente por los ricos.
El señor Jorge Sola ha exigido leer la «letra chica» de la reforma laboral, pero al parecer se conforma con la «letra gruesa» de la reforma tributaria, a la que no le ha pedido los documentos. Es posible que una cantidad apreciable de trabajadores argentinos no esté de acuerdo con este tratamiento dispar de las principales reformas anunciadas por el gobierno.
A los sindicatos, cualquiera sea su orientación ideológica, les cabe impulsar una reforma tributaria, pero no para bajarlos, sino para subirlos y para gravar las ganancias de capital y los dividendos, así como los impuestos sobre las ganancias extraordinarias, con el fin de reducir las desigualdades de ingresos.
Todo lo demás es muy parecido a escupir hacia arriba. Una reforma tributaria que solo baje los impuestos y deje intactas las rentas del capital y los ingresos más altos solo puede ser perjudicial para los trabajadores y su bienestar.
