Estos medios señalan -erróneamente- que el hotel Four Seasons del número 3 de la calle de Sevilla se encuentra «en el coqueto barrio de Salamanca», cuando esta dirección pertenece al distrito Centro y al barrio de las Cortes, a unos pocos metros de la Puerta del Sol, por el Oeste, y a una distancia similar del edificio del Congreso de los Diputados, por el Este.
También destacan los medios -con algo de asombro- que la esposa de Fernández «tenía puesto un antifaz negro y le colocó al niño también una vincha de cotillón». Pero sucede que los hoteles de lujo en España suelen ofrecer para la Nochevieja un «pack» que normalmente incluye alojamiento, cena y cotillón. A diferencia de la Nochebuena, la fiesta del año nuevo en España es más festiva que familiar. ¡Y vaya que a los madrileños les gusta la fiesta!
Y no hablemos de la pasión de la señora Yáñez por la fiestas; si bien no conviene olvidar que en aquel recordado cumpleaños que celebró en Olivos el 14 de julio de 2020 se le olvidó repartir mascarillas como cotillón.
Dice también la crónica que a Fernández «se lo vio serio y atento a los mensajes que recibía en el celular» y que dos días antes se vio a la pareja haciendo «trámites bancarios» en una sucursal del Santander. Nada de esto debería llamar la atención.
En primer lugar, porque el expresidente tiene todo el derecho del mundo a estar serio (la situación en la que dejó la Argentina no es precisamente para andar riéndose en países extranjeros) y, como cualquier ser humano que tenga un smartphone, a la hora de las uvas debe de recibir más mensajes de los que suele habitualmente a esas horas.
Sobre los trámites bancarios, aunque cada vez hay menos oficinas físicas y más banca on line, cualquier español, joven o viejo, rico o pobre, tiene una cuenta bancaria y, a veces, necesita algo de las oficinas físicas. Especialmente los mayores, como el señor Fernández.
Lo que sí llama la atención es que Fernández fue uno de los que criticó con mayor dureza los viajes al extranjero de su antecesor Mauricio Macri cuando este dejó la Casa Rosada. Y lo que de algún modo inspira una cierta pena es el gesto grave de soledad de Fernández y de sus acompañantes, su aislamiento y su reclusión en el mencionado hotel céntrico, cuando el 99,8% de los madrileños celebran la llegada del año en muchas mejores condiciones, anímicas, estéticas y políticas.
