Si esto es verdad, o las fuerzas patriotas libraron una cruenta pero exitosísima guerra con una sola baja mortal, o casi todos los que combatían en nuestro bando eran improvisados sin formación militar, como aquel mayor de la guarnición salteña del Ejército en los años treinta del siglo pasado, que era conocido por su apodo de «el mayor inconveniente».

Esta última posibilidad dejaría al ágil correntino José de San Martín en un muy pobre lugar histórico, ya que en vez de haberse formado en el Regimiento de Cadetes de Murcia, debió haber recibido sus primeras lecciones sobre la guerra en la Masía del Fútbol Club Barcelona. Según esta peculiar versión de la historia, el Padre de la Patria no era más que un wing izquierdo frustrado.
La cantinela histórica nos dice que Güemes fue el único general con mando de tropa muerto en una acción de guerra (que no en un combate, como dice el artículo publicado por un medio digital salteño). Militares muertos, hubo muchos. Desde soldados rasos a coroneles, pasando por sargentos y capitanes.
Hay una diferencia bastante importante entre ser el «único general» y ser el «único militar», pero tratándose de Güemes -campeón galáctico de los pesos pesados en la historia nacional- cualquier hazaña es poca y prácticamente todo es posible.
Por ejemplo, el haber inspirado a José Hernández para la creación de su Martín Fierro. Pero esto, si fuera cierto, sería una ofensa contra el héroe gaucho, pues el caricaturizado pampeano había sido reclutado forzosamente para servir en un fortín del cual desertó al cabo de tres años. Güemes no desertó ni aún con un balazo en sus caderas.
