Lo curioso de esta información (y del comunicado de los diputados) es que la condena a Cartuccia no tiene nada que ver son sus «dichos», sino más bien con sus «hechos».
Es tan extraña esta acusación como el hecho de que en Salta se organicen ceremonias para poner en servicio unas cuantas ambulancias. Lo que debería ser un acto ordinario de la administración, en Salta reviste una solemnidad aparatosa.
Pero quien al parecer no ha observado las reglas del laxo protocolo estatal es la diputada cuyos pies fueron fotografiados (en dudoso estado de mantenimiento) y posteriormente subidos a las redes sociales.
Si bien se puede calificar a esta conducta como «indecorosa» (el haber subido las fotos), peor todavía es que un grupo de diputados se dé por ofendido y califique a la improvisada fotógrafa pédica de «poco sorora» y de «falta de empatía».
Aunque a la diputada Cartuccia no le gusta que le recuerden el significado de las palabras, evidentemente puede salir airosa de este envite con solo recordar que el adjetivo «sorora» no existe en la lengua que hablamos. Es, por tanto, un invento, y, ya se sabe, los diputados pueden sancionar leyes pero no inventarse palabras, por lo menos no sin hacer un ridículo escandaloso.
Por otra parte, «tener empatía» significa «identificarse con alguien», y en este caso, la falta de empatía de Cartuccia hacia Juárez tendría que manifestarse por el estado de sus propios pies. Es decir, para que Cartuccia sea «sorora» y «empática» a la vez, se requeriría que la rubia hubiese faltado a doce citas seguidas con su pedicuro o pedicura.
Cabe recordar que en Salta hay insultos graves, pero casi ninguno como «uñuda». Este vocablo no parece que sea muy utilizado en la zona de Río Cuarto, por lo que a la diputada Cartuccia no se le puede condenar (ni sancionar) por sus «dichos» sino más bien por sus silencios.