El ataque criminal a Morena, una niña de 11 años asaltada y muerta cuando iba camino a su escuela, en Lanús, provocó una conmoción en la opinión pública y determinó que las fuerzas políticas asordinaran su proselitismo y suspendieran sus actos de cierre.
El último jueves, alrededor del lugar donde se ofrecía el responso a Morena los presentes coreaban entre sus protestas la consigna “No votar”.
El ausentismo convertido en voto castigo.
¿Castigo, a quién? A todos.
Se llega a las primarias en una atmósfera de luto, decepción y apatía que incidirá sobre sus resultados.
En las elecciones presidenciales de 2019, la fórmula del Frente de Todos que encabezó Alberto Fernández obtuvo casi 13 millones de votos y la de Juntos por el Cambio, que postulaba la reelección de Mauricio Macri quedó más de 2 millones de votos debajo de ella. En términos porcentuales la distancia se disimulaba un poco: 48 contra 46,3 por ciento. Aquel año votaron 27.525.103 ciudadanos, el 81,3 por ciento de los empadronados. Es muy improbable que en el ciclo de comicios que se inicia hoy con las PASO se alcancen esas cifras.
El crecimiento de los ausentes
Desde luego no son estadísticamente comparables elecciones nacionales en las que se decide al próximo presidente con primarias en las que se seleccionan candidatos y se mide (y filtra) a los competidores según su representatividad (solo las candidatura que superen el 1,5 por ciento en las PASO serán habilitadas a participar en la elección “de verdad”).De todos modos, el panorama que se dibuje hoy permitirá aproximaciones y pronósticos sobre el comicio de octubre mejor fundamentados que las conjeturas que se trazan por ahora con encuestas más adivinatorias que científicas y con información desactualizada.
No votar no es ya un gesto de negligencia ciudadana o de mera pereza dominical; se ha vuelto un instrumento de impugnación.
Ocurrida en vísperas de las PASO, la muerte de Morena seguramente tendrá efectos sobre las cifras de la elección. En principio, sobre el nivel de participación, pero los estrategas de las distintas fuerzas especulan, además, sobre a quién beneficia y a quién perjudica el hecho que, más allá de su localización en un punto del conurbano (Lanús, un distrito gobernado por el candidato a gobernador de la línea de Patricia Bullrich) en una provincia regida por Axel Kicillof, candidato a la reelección por el kirchnerismo, extiende su influjo a todo el país a través de los tanques mediáticos metropolitanos y la penetración de las redes algorítmicas.
Quién puede capitalizar
Hay quienes consideran que la irritación antipolítica puede favorecer a La Libertad Avanza, identificada con el discurso “anticasta” de Javier Milei. Sin embargo en las cercanías de este candidato hay preocupación ante la eventualidad de que un sector de su electorado potencial se incline más bien por expresar su protesta absteniéndose de votar: el candidato ha dedicado muchas de sus últimas intervenciones públicas a reclamar a sus simpatizantes participación, tanto en las urnas como en la fiscalización.La candidatura de Patricia Bullrich, con una prédica fuertemente asociada al tema de la seguridad y el orden en las calles, podría también verse indirectamente favorecida por el clima de indignación suscitado por la muerte de Morena, más allá de que el lamentable suceso ocurriera en el bastión de un alcalde y candidato de su propia corriente.
En la imagen de Sergio Massa el tema seguridad también es un activo, que construyó en sus tiempos de intendente de Tigre –fue pionero en el empleo de cámaras de seguridad en calles y puntos neurálgicos-, de modo que la atmósfera de mano dura que impera en la previa de las PASO no lo encuentra mal montado. Su campaña recordó esos antecedentes. Sin embargo, el peligro del ausentismo lo afecta. La cifra absoluta que él obtenga en octubre (más que el porcentaje) será la que atraerá la atención de los críticos. El oficialismo perdió casi 5 millones de votos entre la elección (presidencial) de 2019 y los comicios (de renovación legislativa) de 2021. En términos porcentuales pasó del 48 al 32 por ciento. Alcanzar como fuerza en las PASO un porcentaje que emule el de 2021 representaría un módico triunfo como punto de partida.
Piedra, papel y tijera
La información más esperada del domingo será, en rigor, el resultado de la primaria de Juntos por el Cambio Esa interna es la verdaderamente competitiva en estas PASO.Un triunfo de Patricia Bullrich permitiría, quizás, que Massa ocupe con más comodidad el centro del tablero político para atraer a votantes de Larreta que desconfían de la línea confrontativa de ella y temen que provoque situaciones de gran tensión.
La apuesta de Larreta es a construir “una nueva mayoría” a través del diálogo político y los acuerdos y, aunque por cierto Bullrich, en caso de ganar la interna, se movería hacia posiciones más conciliadoras y realistas que las que ha empleado en la campaña PASO buscando fidelizar al público opositor más intenso, le resultará difícil diluir en unas pocas semanas el estilo de peleadora frontal (a todo o nada) en el que se afirmó hasta ahora.
La atracción de la interna opositora, la única primaria en la que hay una competencia real, seguramente determinara que en ella no voten solo seguidores de la oposición, sino otros actores, quizás guiados por sus propios motivos e intereses. Como las PASO, según lo indica la A de la sigla, son “abiertas”, esa participación ajena no sería en modo alguno ilegítima. Muchos suponen que un sector del electorado antimacrista –por ejemplo peronistas y kirchneristas, pero no sólo ellos- puede intervenir en la interna de Juntos por el Cambio en favor de Lousteau para castigar la influencia de Mauricio Macri. El escrutinio permitirá comprobar si efectivamente ocurre un corte de boleta significativo (como el que perjudicó a Luis Juez en la elección provincial cordobesa).
En unas horas empezarán a develarse algunas de estas incógnitas. Y se abrirán otras.