A renglón seguido, el funcionario ha dicho que el crecimiento poblacional que está atravesando Salta le parece “un poco desordenado”.
Lo que preocupa y mucho es la calificación del aumento poblacional con dos adjetivos tan rotundos y sugestivos como «desmedido» y «desordenado».
¿Es que acaso el señor ministro es partidario de que el Estado imponga una «medida» a los comportamientos reproductivos de los salteños y las salteñas? Así como se castran a las mascotas en el Parque San Martín, probablemente mañana haya vasectomías para todos.
¿Quién es el culpable del «desorden» de crecimiento poblacional? ¿Acaso tiene algo que ver el gobierno con sus festicholas «populares»? ¿O le estamos echando la culpa solo a los pobres?
Cualesquiera sean las respuestas a estas preguntas, lo que parece estar fuera de toda duda es que el «ministro peregrino» (ahora también «ministro sociólogo»), más que partidario de introducir racionalidad en el crecimiento demográfico de Salta y de ordenar la imparable extensión urbana, es de la opinión de que hay que responder con más policías, con más patrulleros, con más comisarías, más cárceles y, ahora también, con una brigada de policías «aerotransportados». Tal vez solo le falten a Cornejo Los Ángeles de Charlie (o solo dos de ellas, habida cuenta de que ya tiene en sus filas a la veleidosa Sabrina).
Para seguir manteniendo el apartheid en Salta (la rígida separación entre personas «medidas», como el ministro, y personas «desmedidas», como los delincuentes y criminales, que se empeñan en seguir teniendo hijos), más que ingeniería social y políticas sensatas contra la marginalidad y la exclusión, lo que hace falta es más músculo, más garrotes, más escudos, más cachiporras y más barrios encerrados.
Desde su torre de marfil, el ministro piensa que la única forma de detener el «aluvión zoológico» que sube desde las charcas de la periferia y amenaza la impoluta decencia de los salteños de piel más clara, es emplear la fuerza pura y dura. Mientras más presos consigamos meter en la comisarías, mayor será la autoridad de la Policía y más intenso el poder del ministro.
La «medida» de la natalidad salteña, de la que el ministro es ferviente partidario, significa que el gobierno debe poner lo mejor de sí para asegurarse de que solo los fuertes van a ser capaces de aumentar su riqueza y su poder, mientras que los débiles, los desempoderados, están perpetuamente condenados a vivir encerrados y custodiados en sus barrios pauperizados y criminalizados, y, por tanto, resignados a no levantar cabeza jamás.
Es decir, la república y el Estado de Derecho para quienes los merecen, y la ley de la selva para todos los demás.
Si se mira esta política con cierta benevolencia, se puede llegar a la conclusión de que es una forma, como cualquier otra, de entender los fenómenos que se producen dentro de una ciudad. Pero no es, ni de lejos, una forma democrática y pacífica de practicar el desarrollo urbano.
Los crímenes en una ciudad «descontrolada» -como la ha calificado el ministro- no se producen por la intrínseca maldad de los marginados, sino más bien por la interacción urbana, que tiene su lado positivo en la innovación, la educación cívica o el desarrollo económico. Separar las causas que diferencian los fenómenos urbanos positivos de los negativos no es fácil, y eso es precisamente lo que se propone el Ministro de Seguridad de Salta, cuya idea del «equilibrio» de la ciudad está muy emparentada con el empeño en erigir «islotes humanos» en la periferia, en donde rige la ley del más fuerte.
Busco donde hay más luz
Es curioso (por no decir penoso) que el Ministro de Seguridad diga que uno de los factores que contribuyen al fracaso policial en los barrios marginales es la falta de luz, que impide que las cámaras de videovigilancia puedan funcionar. Es decir, tenemos helicópteros artillados para combatir a los delincuentes, pero nuestras cámaras callejeras carecen de visión infrarroja.Es imposible no relacionar las palabras del ministro sobre esta cuestión con el viejo chiste del que busca una cadenita debajo de una farola, a quince metros de donde la ha perdido, simplemente porque debajo del foco hay más luz. ¿Buscarán también los policías bajo un poste de luz a los delincuentes que han cometido un atraco en la oscuridad?
En el reino del revés de la seguridad urbana de Salta, todo es posible.
