Conscientes de esta delicada deriva moral, los agitadores mediáticos a sueldo del Poder Judicial de Salta y el Ministerio Público Fiscal suministran a diario carne (entre fresca y podrida) a las aves rapaces, cuando los primeros que deberían controlar los flujos de información para evitar los juicios mediáticos paralelos deberían ser ellos.
El activismo de estos aparatos de comunicación nos proporciona la exacta medida de cuánto importa el valor de la justicia a quienes tienen la obligación de impartirla.
Jueces, fiscales, funcionarios y portavoces mediáticos saben, o deberían saber, que la difusión calculada de información sobre un determinado proceso penal solo sirve para entorpecer los macanismos judiciales; nunca para hacerlos más transparentes.
Con la excusa de acabar con el secretismo, no solo se lesionan importantísimos derechos de los justiciables sino que se expone innecesariamente a los jueces, que están obligados a construir su convicción en medio de un clima enrarecido por las opiniones y por las pasiones.
Algunos juicios penales merecen cierta atención, pero seguramente no la merecen aquellos en los que se juzga a personas de una mínima trascendencia pública, aunque los delitos de los que se les acusan sean graves o repugnantes. El tiempo y los recursos que se gastan en «cubrir» estos espectáculos estériles podría emplearse en causas mucho más provechosas, como por ejemplo el reportaje permanente de la pobreza en Salta, un flagelo social que ha alcanzado niveles alarmantes.
Pero a la mayoría de los que siguen con atención estas telenovelas judiciales les importa mucho más las perturbaciones mentales de famosos de poca monta que el drama que a diario viven cientos de miles de salteños que son víctimas de otras obscenidades, si acaso, mucho más graves.
No estaríamos en un escenario tan grave, si al mismo tiempo de ventilar información vulgar y escasamente constructiva, el Poder Judicial y el Ministerio Público no se encargaran de ocultar calculadamente el trámite de aquellos asuntos que, por su gravedad o por su importancia para el proceso democrático, interesan de verdad a los ciudadanos. ¿Por qué jueces y fiscales esconden los expedientes aun cuando las partes interesadas solicitan verlos? En Salta hay una especie de transparencia informativa a la carta, y según la cara del cliente.
La retransmisión detallada de los juicios penales y de sus vicisitudes, satisface el morbo de una mayoría, pero repugna a una minoría bastante significativa. El exceso informativo (un verdadero abuso) termina dañando a las víctimas, porque en el fondo de lo que se trata es de lucrar con su tragedia personal para que sean sus victimarios los que ocupen grandes espacios en la prensa.
Esta práctica dañina debe ser desalentada por los propios magistrados, pues ellos son los primeros que deben velar por las víctimas y por el equilibrio del proceso. Con víctimas expuestas en su intimidad, con victimarios ocupando centímetros y minutos que no se han ganado, y con juicios paralelos, la injusticia asoma como el resultado más directo y previsible.
