En el mismo periodo, una dictadura disfrazada de democracia constitucional ha reducido al mínimo las libertades de los venezolanos y, en el mejor de los casos, las han subordinado a los intereses de una pequeña oligarquía de tiranos, que aún no ha sido desmembrada del todo.
Si la operación que conduce a la recuperación de la democracia en Venezuela comienza por sentar en el sillón presidencial a Delcy Rodríguez, flanqueada por Diosdado Cabello y Vladimir Padrino, el punto de llegada no será necesariamente bueno.
En Venezuela se necesita hoy, ahora mismo, restituir las libertades civiles suprimidas, liberar a los presos políticos y acabar con las persecuciones por motivos ideológicos o políticos. La democracia y sus procesos mayoritarios no aseguran de ningún modo que se alcancen estos objetivos.
Las soluciones al problema de la gobernanza justa, respetuosa de la ley y de los derechos individuales no pueden venir nunca de la imposición de una potencia extranjera. De su búsqueda y de su hallazgo se tienen que ocupar los propios venezolanos, por medio de la política y del ejercicio de la libertad. Aunque la democracia deba esperar.
