Formar parte de un gobierno no asegura a nadie estar en posesión de los conocimientos y las acreditaciones necesarias e imprescindibles para impartir la formación que requieren los estudiantes universitarios.
Esto ha ocurrido recientemente en Salta, en donde la Dirección de Asistencia a la Víctima, una oficina de cuarta línea que depende del Ministerio de Seguridad y Justicia del gobierno provincial, se ha atribuido el acierto de organizar una «capacitación» para estudiantes universitarios que, según parece, no encuentran en donde estudian contenidos tan interesantes.
Lo más insultante para la facultad que dirige el hoy derrotado (en la Caja de Seguridad Social para Abogados) don Eduardo Jesús Romani es que el gobierno se ha puesto por delante y por encima de sus profesores, prometiendo a los alumnos que estudian Derecho en su facultad «brindar distintas herramientas jurídicas para el abordaje de la problemática».
De haber tolerado el señor Romani este claro y manifiesto exceso académico del gobierno, en comunión con el Gran Canciller (del que, además, Romani es abogado defensor) debería pensar muy seriamente en cerrar la Facultad de Ciencias Jurídicas de la Universidad Católica de Salta y dejar que, en adelante, sus alumnos sean «capacitados» por el gobierno, que es al parecer el que sabe cuáles son las «herramientas jurídicas» que hay que aplicar.

