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Massa y Sáenz firman el acuerdo en Tucumán
Massa y Sáenz firman el acuerdo en Tucumán

Uno de estos enunciados diabólicos es el que dice que «Sáenz y Massa firmaron acuerdos para llevar agua a comunidades originarias» y que publica hoy, como principal noticia, la página web oficial del gobierno de Salta.



Varias cosas se me ocurren de golpe.

La primera: ¿Puede un Gobernador sacarse una foto sonriente cuando el acuerdo que acaba de firmar demuestra sin posibilidad de prueba en contrario que todavía hay salteños que no acceden al agua en pleno siglo XXI?

Pienso que, más que un motivo de satisfacción y de sonrisas resplandecientes, la falta de agua (¡de agua!) debería provocar en cualquier ser humano sensible (no digo ya en un gobernante) una intensa y desgarradora vergüenza.

Otra vez los inventores de la expresión «donde hay una necesidad nace un derecho» contradicen sus propias premisas. Porque no solo los originarios llevan siglos esperando el agua que no llega, sino porque lo que Massa decide «conceder», ni de lejos tiene la apariencia de «un derecho». La escenografía tucumana parece confirmar que solo se trata de apuntalar su campaña electoral.

Luego pienso si en realidad hace falta un «acuerdo» para llevar agua a las personas que la necesitan. Es como si me dijeran que, para apagar un incendio que amenaza con devorar toda una manzana, fuese necesario que los bomberos se sienten a negociar y firmar un convenio con Aguas del Norte, para ver si se deciden a abrir o no los grifos.

Pero si lo miramos bien, lo del «acuerdo» entre Sáenz y Massa explica bien por qué las mal llamadas «comunidades originarias» no tienen agua.


La explicación hay que buscarla en la burocracia y en el proselitismo. Parece que ni Sáenz ni ninguno de sus ministros son capaces de tomar al toro por los cuernos y decir «me da vergüenza que comprovincianos míos no tengan agua, me importan un pito Massa y las elecciones; yo les llevo agua aunque sea lo último que haga».

Pero todavía más irritante que esto es que el gobierno diga que «Sergio Massa presentó su agenda para el desarrollo del Norte Grande en un proyecto de país federal». ¡Una vergüenza!

Es como si dijeran que «Sergio Massa presentó un proyecto para inventar la rueda». Este buen hombre tiene responsabilidades de Estado desde quién sabe cuándo y parece que recién ahora se acuerda de que hay un «Norte Grande» (expresión repugnante donde las haya) y que vivimos en un «país federal» (lo sabemos desde hace 170 años).

Justamente Massa: el gran devaluador y el que quiere obligar a todas las empresas del país, con independencia de su dimensión, de su situación económica y de su emplazamiento geográfico, a pagar 60.000 pesos a sus trabajadores. Pasar por encima de las provincias, eso sí que es «federal» y no tonterías.


Y todo por un puñado de votos. Porque ni las «comunidades originarias» saciarán su sed y se podrán asear decentemente, ni el nefando «Norte Grande» conocerá jamás lo que es estar insertado en un «país federal». Si, pudiendo hacerlo, Massa no lo ha hecho antes (y lleva influyendo en la política más de dos décadas) solo los ingenuos pueden pensar que va a hacerlo ahora. ¿Por qué? ¿Es que en pocos meses se ha vuelto «federal» e «indigenista»? Habrá quien crea en esta milagrosa metamorfosis. Yo no soy uno de ellos.

Con todo el respeto del mundo, quiero expresar aquí mi deseo de que el Gobernador borre esa sonrisa complaciente de su rostro y decrete tres días de duelo provincial por la falta de agua en las «comunidades originarias»; que en vez de andar firmando acuerdos rimbombantes en salones afrancesados, eche a sus ministros inútiles, se arremangue él personalmente y aunque sea a pulso lleve los bidones.

Porque si no lo hace y si no adopta las medidas ejecutivas puntuales y expeditivas que se necesitan para que fluya ya mismo el agua en la cañerías del norte, todos -incluido yo- pensaremos que su luminosa sonrisa Odol, más que la satisfacción de un servicio bien cumplido a sus semejantes, esconde el júbilo contenido por las menguantes pero aún vigentes oportunidades electorales de Massa.

Insisto: A mí me daría vergüenza, no solo firmar un acuerdo así sino también sonreír al firmarlo.



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