Quien aborrezca el centralismo del puerto de una forma sincera, no se pasa días enteros en Buenos Aires tocando timbres para que los funcionarios nacionales abran la mano y le «tiren» alguna obra a Salta.
Desembarcar en Buenos Aires, a pedir o a rosquear, es la mejor forma de reforzar el centralismo, no de combatirlo.
El Gobernador de Salta debería dejar de lamentarse por el déficit de federalismo e intentar solucionar los problemas de los salteños en Salta; y si no puede, debería aceptar de una buena vez que el centralismo no es su peor enemigo sino su mejor aliado.
Si Buenos Aires es un monstruo de doce cabezas es porque gobernadores como Sáenz, con sus actitudes, ayudan todos los días a que lo sea un poco más. Aquel que se sienta con funcionarios de segundo o de tercer nivel a rogarles que tengan a bien acordarse de Salta no hacen más que darle a los mediocres un estatus de semidioses que nunca alcanzarían de otro modo.
Una vez más: federalismo es autogobierno (para lo bueno y para lo malo) y no «desarrollo similar» de las diferentes provincias. Y si lo que se busca no es un «desarrollo similar» sino un «desarrollo equitativo» (que no es la misma cosa), habría que pensar si los territorios más productivos y organizados no merecen estar un poco mejor que aquellos en los que mucha gente se está rascando y espera a que venga el gobierno -aun caótico y desastroso- y los auxilie.