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  • Una especulación que va cobrando cuerpo
  • Todo Salta comenta esta mañana la noticia de que el Frente Renovador que orienta el ministro de Economía, Sergio Massa, estudia la posibilidad de llevar como candidato a Presidente de la Nación en la interna del Frente de Todos al actual Gobernador de Salta, Gustavo Sáenz.
Gustavo Sáenz y Sergio Massa
Gustavo Sáenz y Sergio Massa

El pasado 22 de abril, cuando se conoció la decisión del presidente Alberto Fernández de no sostener su anunciada candidatura a la reelección, nuestro sitio web, con la firma de Luis Caro Figueroa, publicaba un artículo en el que se barajaba la posibilidad de que Gustavo Sáenz pudiera ser candidato a Presidente.


Por haber cobrado esta posibilidad renovado interés, después de la publicación del diario porteño, reproducimos a continuación aquel artículo.

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La sorpresiva retirada de la candidatura a la reelección del actual Presidente de la Nación, conocida ayer, ha abierto la puerta a la «manada» de gobernadores provinciales que aspiran a dar un paso al frente y conquistar la primera magistratura del país.

Pero esta candidatura solo está reservada a los mejores gobernadores, entre los que, sin dudas, se encuentra el actual Gobernador de Salta, don Gustavo Sáenz.

El caso es que Sáenz es también candidato a su reelección como Gobernador de Salta y, para que sus probabilidades de ser reelegido no resulten anuladas por la debacle general del gobierno nacional kirchnerista, él y sus «ingenieros» electorales han debido eliminar de su campaña electoral -cuando no de todos sus gestos políticos- cualquier vestigio de parentesco con el peronismo declinante «de Néstor y Cristina».

Gustavo Sáenz fue, entre 2015 y 2019, un estupendo Intendente Municipal de la ciudad de Salta. Lo fue, en parte, gracias al apoyo político y financiero del gobierno de Mauricio Macri. En 2019, decidido ya a tomar por asalto el sitial de Gobernador de la Provincia, Sáenz se apoyó claramente en las fuerzas antikirchneristas de Salta para ganar las elecciones. Y las ganó cómodamente.

Pero al poco tiempo, y por aquello de estar en donde el sol más calienta, Gustavo Sáenz se aproximó a los kirchneristas; tanto, que cuando se trata de colorear a las provincias según cuál de los dos «frentes» haya ganado las elecciones, a la Provincia de Salta, comandada por Sáenz, le toca el color azul y no el amarillo.

A nadie se le escapa que para los grandes simplificadores porteños, Sáenz es un Gobernador kirchnerista, aunque él en Salta haga esfuerzos para no parecerlo.

La mano, sin embargo, viene como viene, y los que manejan los números electorales de Sáenz parecen haberle advertido de que sus probabilidades de ser reelecto en la Provincia caerían en picado en un escenario de creciente rechazo hacia el gobierno nacional y sus políticas. Mientras más kirchnerista o filokirchnerista se muestre Sáenz en Salta, menos posibilidades de repetir como Gobernador tendría, dicen que le dijeron.

Los esfuerzos por «despegarse» de la suerte de los náufragos han conducido al Gobernador de Salta a adoptar una posición, llamémosle «ecléctica» (por no decir «ambigua»), en la convicción de que los salteños probablemente no se darán cuenta jamás si es kirchnerista de corazón o si solo lo aparenta por pura conveniencia.

Sin embargo, tras el discurso de ayer de Alberto Fernández («Mi decisión»), la «pura conveniencia» de des-kirchnerizarse se le ha vuelto decididamente en contra, pues si Gustavo Sáenz, como otros gobernadores peronistas (incluso mucho menos hábiles y exitosos que él), desea entrar en la carrera para convertirse en candidato a Presidente de la Nación por el Frente de Todos, deberá dar probada fe de que es kirchnerista de pata negra, de la primera hora, como les gusta decir a los peronistas de cualquier época.

Tal vez, el Gobernador de Salta ya no tenga tiempo o margen de maniobra para dar un cuarto o quinto giro en esta materia; o tal vez, si lo concreta, la gente ya no le vaya a creer. Lo cierto y verdad es que si Sáenz al final empuja para ser candidato a Presidente de la Nación, habiendo previamente sido reelecto como Gobernador de Salta, caerá en el autodenunciado vicio de la doble postulación que tanto y tan duramente ha criticado a lo largo de toda su carrera política.

¿Cómo explicarle a los salteños que después de haberse comprometido con ellos a gobernarlos cuatro años más, le ha salido «un laburo mejor» en el ámbito nacional? Sería como si el entrenador de Villa San Antonio se dejara la piel para que le renovaran el contrato por cuatro años, y a los tres meses recibiera una oferta para hacerse cargo de «los destinos» del Manchester City.

No está en dudas el que Gustavo Sáenz pueda ser un muy buen Presidente de la Nación, a condición -claro está- de que no repita el error de Urtubey de ofrecerse como Presidente para «servir mejor a los salteños». Nadie vota a un Presidente para que gobierne «mejor» a los salteños, sino más bien para que se encargue de los asuntos de todos los argentinos, que es lo que dice la Constitución que debe hacer.

Ahora que si el «peronismo folklórico» de Sáenz concita adhesiones y es capaz de imponer su criterio a los ambiciosos pulpos del conurbano bonaerense, la Argentina podría encaminarse de una vez por la buena senda.

Pero si el precio que se debe pagar para hallar este buen camino es que el Gobernador de Salta se vuelva a disfrazar de una cosa o de otra, y que el kirchnerismo más visceral y dogmático siga marcando el ritmo de la política argentina, no solo el país no encontrará la buena senda, sino que inmolará en la hoguera de la defensa del «modelo» a aquel que -a pesar de sus simpatías romeristas y de haber recogido a los desheredados que Urtubey abandonó a su suerte- sea quizá el mejor Gobernador de la Argentina en estos momentos.

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