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  • Semblanza de un hombre solidario y generoso
  • Tal día como hoy del año 1935 nacía en Metán Carlos Alberto Caro Lanzi, el hombre al que, cuarenta y siete años después, le iba a tocar en suerte liderar valientemente la corriente mayoritaria del peronismo salteño que opuso tenaz resistencia al avance desmoralizador y materialista de los que en 1983 se hicieron con el control del Partido Justicialista de Salta y, un poco más tarde, con el gobierno de la Provincia.
Carlos Alberto Caro Lanzi (1935 - 1990)
Carlos Alberto Caro Lanzi (1935 - 1990)

Carlos Caro merece ser recordado hoy no solamente por su leal y decidida contribución a la recuperación de las libertades democráticas en 1983, sino también por su fructífera actividad como hombre público solidario y generoso, y como próspero agricultor del Sur de Salta.


La muerte de su padre en 1960 obligó a Carlos Caro a asumir, desde muy temprana edad, diversas responsabilidades. Era el único hijo varón del doctor Alberto Francisco Caro, el recordado médico ferroviario que fue senador provincial por Metán, convencional constituyente y Ministro de Salud Pública. El joven Carlos habría de heredar de su padre la inquietud política y una intensa preocupación por los problemas sociales.

Los primeros años

Durante aquellos primeros años, el compromiso político demandaba desinterés y firmes convicciones debido a que el justicialismo, al que Carlos adhirió con entusiasmo, se hallaba impedido de actuar dentro de la legalidad y sus dirigentes eran objeto de feroces persecuciones.

Atenuado el rigor de aquella proscripción, Carlos Caro participaría activamente en la campaña electoral para las elecciones del 18 de marzo de 1962 en las que se ratificó el carácter mayoritario del peronismo en la Provincia. Anulados aquellos comicios, en las nuevas elecciones que se iban a celebrar en junio de 1963, Carlos Caro se convertirá en diputado provincial por Metán. Solo contaba entonces con 27 años de edad.

No pudo completar su mandato a causa del golpe de Estado que el 28 de junio de 1966 derrocó al presidente constitucional doctor Arturo Umberto Illia y a todos los gobernadores provinciales, clausuró el Congreso de la Nación y las legislaturas provinciales.

Por tercera vez en sus jóvenes 35 años, Carlos Caro era testigo de un golpe de Estado que, como los anteriores, arrasó las instituciones legales, vulneró las garantías constitucionales e impuso autoritariamente normas que prohibían la actividad política. Pese a que desobedecer esas imposiciones de la dictadura implicaba asumir serios riesgos personales, Carlos Caro redobló su compromiso democrático con un claro contenido nacional y social.

Acompañando a Perón

Cuando en la Argentina aún era peligroso solo mencionar el nombre de Perón, a finales del año 1966, Carlos Caro viajó a Madrid para entrevistarse con el general exiliado, al que muchos en el país le adjudicaban entonces la condición de político agotado, sin ningún futuro.



De regreso a la Argentina, Carlos Caro intensificó su actividad política de oposición a la dictadura de Juan Carlos Onganía. Fue parte de un pequeño grupo de dirigentes salteños que no acató la orden de congelar la actividad. No solo la mantuvo sino que estuvo en las primeras filas de la acción opositora.

Apoyó a la CGT de la Argentinos que conducía Raimundo Ongaro, del que fue amigo y al que visitó en 1978 cuando este dirigente estaba exiliado en Madrid. Desde el Justicialismo adhirió al Movimiento de la Revolución Nacional; apoyó la actividad de los ateneos y centros de estudio convertidos en Salta en centros opositores que recibían la visita de dirigentes o intelectuales como Arturo Jauretche, José María Rosa, Arturo Umberto Illia, Jorge Abelardo Ramos y Horacio Sueldo.

Quienes lo conocieron recuerdan no solo al dirigente político y al productor agropecuario, sino también al amigo y al ser humano fraterno y solidario. No puso jamás la marca de su nombre y apellido a los muchos apoyos en los que se prodigaba. Nunca especuló con réditos personales ni políticos por esas expresiones de solidaridad que llegaban al necesitado, al desprotegido, al que era perseguido o estaba preso.

A partir de junio de 1970, los días de vida de la autodenominada Revolución Argentina estaban ya contados. Más por reconocimiento de su propio fracaso que por convicciones democráticas, el gobierno de facto devolvió la legalidad a la actividad política y anunció su propósito de convocar a elecciones sin proscripciones, excepto la de un nombre: el de Juan Domingo Perón.

En noviembre de 1972 Carlos Caro regresó a Madrid. Esta vez no lo hacía para visitar a un Perón acosado por las persecuciones, aislado por la ingratitud y amenazado por el olvino, sino para acompañarlo en su vuelo de retorno a la Argentina, después de 18 años de destierro. Caro fue elegido por el Justicialismo de Salta para representar al peronismo provincial e integrar la comitiva que acompañó a Perón en aquel histórico viaje.

Al cumplirse un año de aquel vuelo, el 17 de noviembre 1973, a poco más de un mes de asumir su tercera presidencia, Perón entregó a Carlos Caro una medalla en recuerdo de ese viaje. El mismo año, Carlos participó activamente en las dos campañas electorales que se llevaron a cabo: la que culminó el 11 de marzo con el triunfo del Justicialismo, y la del 23 de septiembre que, por tercera vez, consagró a Perón como Presidente de la Nación.

La última dictadura militar

La muerte de Perón, el recrudecimiento de la violencia y de la crisis del país desembocaron en un nuevo golpe de Estado en marzo de 1976. A diferencia de los anteriores, el régimen implantado por la fuerza no se proponía ser un simple paréntesis entre dos gobiernos constitucionales, sino establecer una férrea dictadura, dispuesta no solo a prohibir la actividad política sino también a eliminar físicamente a dirigentes políticos, y no solamente a aquellos que practicaban la violencia.

Decenas de compañeros, amigos, y el propio Carlos Caro, fueron objeto de aquellas crueles persecuciones que se manifestaron con distinta intensidad: desde el secuestro y asesinato de amigos suyos, como el profesor Luis Risso Patrón; al exilio de, entre otros, Sergio Santillán Cabeza o sus primos Caro Figueroa a quienes ayudó y visitó en las épocas más duras del exilio. Carlos Caro sufrió y acompañó la detención de otros y la discriminación laboral de muchos, incluyendo familias numerosas de jóvenes simpatizantes del peronismo que después de 1983 le dieron la espalda.

Hacia finales del año 1982, después de la derrota militar en las Islas Malvinas, el régimen de facto manifestó su intención de convocar a elecciones. En el orden nacional, parte de los principales dirigentes del peronismo histórico y renovador constituyó el Movimiento de Unidad, Solidaridad y Organización (MUSO) fundado, entre otros, por Antonio Cafiero y J. Armando Caro. En Salta, Carlos Caro adhirió al MUSO.

Las elecciones internas de agosto de 1983

Un importante sector del peronismo salteño consideró que Carlos Caro era la figura que podía aglutinar voluntades y farbicar los consensos que se necesitaban para hacer posible el regreso ordenado a la normalidad constitucional. Así fue elegido precandidato a Gobernador de Salta, acompañado por un peronista de larga trayectoria como Dante Lovaglio. Con más esfuerzo y propuestas que recursos económicos, afrontó la campaña interna que concluyó en las elecciones del 14 de agosto de 1983, en las que la Lista Amarilla «Unidad Peronista», que él encabezó, obtuvo la mayoría de los votos en el conjunto del territorio provincial.

Una muy discutible decisión judicial desvirtuó en un fallo el resultado obtenido en las urnas. Pero, a pesar de que sus convicciones democráticas habían sido puestas a prueba, quizás con mayor fuerza que las de los años adversos, Carlos Caro no solo fortaleció aquellas convicciones sino que también dio una generosa y sincera prueba de adhesión a las mismas, aceptando aquella injusta decisión judicial y llamando a cerrar filas en torno a las candidaturas que el Partido Justicialista de Salta –el partido del que había sido injustamente marginado– iba a presentar en las elecciones del 30 de octubre de 1983.

«Ha concluido un proceso interno duro y áspero», dijo luego. “Pero el momento político, la necesidad de reencontrar el camino de la convivencia civilizada y pacífica entre argentinos, exigen gestos de grandeza y pruebas de responsabilidad política”, señalaba Carlos Caro en un documento fechado en Salta el 26 de septiembre de 1983.

Pese a cuestionar el traslado al ámbito judicial de estas elecciones, en las que su candidatura había triunfado limpiamente, y a señalar que la interesada judicialización restaba legitimidad al proceso electoral, apostó a recomponer el diálogo y de hacerlo “lejos de toda tentación mercantilista”. Por último, exhortó a los dirigentes y votantes de su lista a “volcarse en apoyo decidido y activo a las listas del Partido Justicialista”.

El Partido Tres Banderas y el final de su carrera

Desoída su prédica favorable a una democratización del peronismo y a la integración de todos sus sectores, en 1985 Carlos Caro fundó el Partido Tres Banderas. Un sector del peronismo de Salta llegó a la conclusión de que la estructura partidaria local no garantizaba una participación necesaria para consolidar la débil democracia, y que tampoco permitía una actualización programática.

El Partido Tres Banderas logró reunir más de 8.000 afiliados; se organizó en todos los departamentos de la Provincia; en las elecciones legislativas de noviembre de 1985 se colocó como el cuarto partido provincial obteniendo un caudal electoral inicial del 5% de los votos. Los intentos de los motines militares de 1987 y 1988 dirigidos a desestabilizar la democracia, encontraron el rechazo de Caro.

Carlos Caro murió en la ciudad de Salta el 2 de noviembre de 1990, con solo 55 años de edad y con toda su carrera política por delante. Su desaparición dio lugar a una emocionada despedida en Metán. “Metán llora la pérdida de Carlos Caro, un amigo del pueblo, al que prodigó su sencillez, su alegría. No supo de rencores, sino de dulzura y perdón”, dijo en aquella ocasión la dirigente Elsa Vera.

“El sello de Carlos Caro quedará marcado en esta sociedad por el amor que prodigó a sus hijos, por el afecto sin reservas que brindó a sus amigos, por su hospitalidad y su generosidad, por haber brindado a sus hijos una fina educación, por haber incorporado las más avanzadas tecnologías a sus empresas y por el afecto que brindó a sus colaboradores”, expresó Lucio Poma.

Un día después de que ocurriera el fallecimiento de quien fuera su leal adversario, el 3 de noviembre de 1990, el exgobernador Roberto Romero, a quien Carlos Caro enfrentó en las recordadas elecciones internas del PJ de agosto de 1983, dijo de él: “Estuvimos enfrentados, fuimos adversarios, pero hay que reconocer en Carlos Caro a un ferviente defensor de la democracia, incluso en los años más duros de la dictadura militar”.

El transcurso del tiempo atempera y tamiza las pasiones políticas; permite trazar con más equilibrio y ecuanimidad el perfil de los protagonistas y facilita la evaluación de sus trayectorias con más serenidad y justicia. Que una calle de la ciudad de Metán lleve el nombre de Carlos Caro es un acto de justicia. Su vida fue un compromiso no sólo con ideas y valores que defendió a lo largo de su vida, sosteniéndolas en momentos difíciles: también fue un compromiso el hacerlo en el lugar donde nació, junto a la comunidad a la que perteneció, con la que se identificó y a la que defendió hasta el último de sus días.

Carlos Caro con sus trabajadoras en Palo Blanco (agosto de 1979)


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