Preguntado sobre el secreto de su éxito, Fleming ha hablado de «tradición, ingredientes y cocina criolla»; pero si tenemos en cuenta su incuestionable autoridad en asuntos penales, su receta familiar debería sentar jurisprudencia y ser de aplicación obligatoria, por lo menos, en cada convite judicial.
Lo que llama la atención es que el año pasado Fleming hubiera sido descalificado en el mismo concurso, «por no ajustarse al reglamento». ¿Qué pudo haber fallado en aquella oportunidad?
Está claro que los concursos de la empanada son los concursos de la empanada y que el tribunal oral federal es el tribunal oral federal. Pero ¿quién es el guapo que le dice a un juez experimentado como Fleming, acostumbrado no solo a cumplir la ley sino a aplicarla con rigor, que no ha cumplido con un simple reglamento empanaderil?
No han trascendido los motivos de la descalificación del doctor Fleming en 2024, pero se sabe que el magistrado ha consentido la decisión del jurado. De lo contrario, habría interpuesto recurso ante la Cámara Federal de Casación Penal. Pero no lo hizo.
Como sucede con algunas sentencias, Fleming no ha querido revelar los secretos de sus empanadas. Solo ha dicho que «fue ajustando ingredientes y técnicas sin perder la base tradicional» y que la clave se encuentra en «la calidad de los ingredientes, el uso de condimentos frescos, la carne cortada a cuchillo, la grasa adecuada y, sobre todo, la temperatura del horno, clave para lograr el punto justo de cocción».
Con estos argumentos, el doctor Fleming representará a la Villa de San Lorenzo en el próximo concurso provincial. Si también lo gana —cosa que es perfectamente posible—, la próxima reunión del JUFEJUS será amenizada con un catering de empanadas preparadas por el magistrado vencedor, que ha convertido a la receta familiar de los Fleming-Figueroa en la López Pereyra de la cocina tradicional salteña.