El gran problema que tiene la democracia es que los mecanismos legales -en teoría racionales y transparentes- se encuentran abiertos y expuestos a manipulaciones (también legales) que, bajo la apariencia de racionalidad y transparencia, terminan dando resultados exactamente contrarios a las expectativas democráticas, que no son ni deben ser otras que la satisfacción del interés general.
Ha ocurrido repetidamente en el Consejo de la Magistratura de Salta, en donde muchos cargos judiciales sometidos a concurso han sido resueltos por la mano invisible del poder, en favor de pupilos más o menos ocultos.
Es decir, que muy fácilmente se puede rebatir la ingenua afirmación del ministro Juan José Esteban en el sentido de que la tramitación de un concurso, para designar al futuro o futura responsable del Centro Regional de Hemoterapia de Salta, evitará todas las formas posibles de amiguismo.
Y ya para terminar, tan ilusorio como lo anterior es la exigencia del ministro de que la próxima designada o designado «no tenga relación con el ámbito privado, sino sólo con el sector público de la Salud».
El señor ministro -que al parecer toda su vida ha vivido de su sueldo en el hospital público- ignora que todo ser humano tiene relación con el ámbito privado. Las personas nacen en el seno de familias privadas. Nadie, incluso los concebidos en una oficina y nacidos en un paritorio público, carece de un ámbito privado que lo produzca y soporte.
Lo que busca el señor Esteban -al parecer- es un tipo burocrático puro, que solo existe en las mentes totalitarias y fascistoides que piensan que el Estado (el ámbito público) es el alfa y el omega de la vida y que fuera del Estado no hay sino la nada más absoluta.