En su perfil de Facebook, Ramos denuncia que el exintendente Enrique Martínez se gastaba el dinero de los contribuyentes (las ayudas provinciales y la coparticipación) en «Fernet Branca, latas de cerveza, lomitos completos, sanguches, facturitas, pan Bimbo integral, bondiola, Coca Cola, quesitos untables, chocolates Rocklets y alfajores Tofi».
En algo coinciden, sin embargo, los exintendentes: a los dos les apasiona el chocolate. La crisis de las cuentas municipales obedece, fundamentalmente, al descontrol administrativo en materia chocolateril.
Nada de esto se va a quedar como está, por supuesto.
Una fiscal de Orán ha abierto diligencias notitia criminis, después de leer en los medios sobre el lavarropas y la moto de González. Más tarde se han sumado a la causa los concejales y el propio intendente Baltasar Lara Gros.
Pero más sorprendente es todavía la decisión del Intendente Municipal de Rosario de Lerma, Sergio Topo Ramos, quien ha anunciado que «judicializará» a su antecesor Enrique Martínez, por las facturazas de las facturitas.
La eventual denuncia de Ramos contra Martínez es el típico caso del muerto que se asusta del degollao, pues Ramos -acusado de fraude a la administración pública desde hace por lo menos un cuarto de siglo- es la persona que mejor conoce los vericuetos judiciales, pero no como denunciante o justiciero, sino del otro lado del mostrador.
Cualquiera sea el final de esta sórdida historia, lo cierto es que los salteños tenemos ya una explicación consistente de la crisis de las cuentas municipales: a algunos intendentes les gusta vivir como emperadores romanos, mientras que la mayoría de los vecinos y vecinas de sus pueblos rascan la olla, lavan su ropa en el río y comen frangollo en vez de lomitos completos.
