La víctima dijo que estaba «con un amigo» en la casa de su abuela paterna «jugando a un juego de mesa». En ese momento -cerca de las ocho de la noche- llegó el padre de la menor, quien le recriminó que dejara entrar al amigo.
Poco después se hicieron presentes en el lugar dos policías, al parecer, alertados por el estricto padre. Lo que no se sabe muy bien es qué delito estaba cometiendo el amigo, a menos que el padre lo hubiera denunciado por hacer trampas en El Estanciero.
El caso es que, como sobran policías, se despachó a una pareja al lugar sin que hubiera un motivo claro de intervención.
El relato judicial dice que los policías «al ver que el muchacho era conocido suyo» (no se sabe si del padre, de la chica, de la abuela o de los policías) se dispusieron a retirarse del lugar, pero el padre, indignado por la actitud de la Policía, le quiso pegar al chico.
Entonces «ella» (la chica) salió afuera (se supone que a la calle) a pedir ayuda a los mismos policías que acababan de salir de la casa de su abuela.
Los policías le dijeron que «no podían dejarla sola porque era menor de edad». Mentira cochina, pues salvo que la menor se encontrara en situación de desamparo o de peligro inminente, lo que correspondía era que se quedara en la casa de su abuela.
La chica decidió entonces llamar a su otra abuela y esta -sorprendentemente- le respondió que «pasaría a buscarla por la Comisaría Séptima». Fue entonces que los dos policías trasladaron a la menor a la comisaría, en donde se encontraba de servicio el policía Pedro Sergio Daniel Córdoba. La menor quedó bajo su custodia, mientras los otros dos policías hacían mutis por el foro.
Estando allí, Córdoba le ordenó a la chica que se sentara. Según la víctima, ella vestía una minifalda de jean y «él le miraba las piernas».
Luego la llevó a una habitación ubicada al fondo de la comisaría, en donde se desencadenaron los hechos que acabaron en una violación.
La chica dijo que se quedó paralizada, que no sabía cómo reaccionar porque tenía miedo. Su celular tenía poca batería pero logró encenderlo y grabó un audio que luego le envió a un amigo. En la grabación ella le pide que la deje y le advierte que estaba entrando alguien, para que él hable y quede registro de su voz.
Después de consumar la agresión, Córdoba la sacó de la habitación, y coincidió con que a los pocos minutos llegó al lugar la abuela materna, que algún problema debe de tener con su consuegra, ya que en vez de ofrecerle a la nieta pasar a recogerla por la casa de la otra abuela, que sería lo normal, le dice que va a pasar a buscarla por la comisaría, como si la chica fuese una delincuente.
Para peor, la abuela materna, enterada de la violación en la comisaría, le aconsejó a la nietita que «guardara silencio», para no pasar vergüenza.
Menos mal que la estupidez a veces se salta una generación, pues cuando la chica habló del tema con su madre (hija de la irresponsable abuela) se decidieron las dos a formular la denuncia.
