Algo no funciona muy bien en la justicia de Salta, evidentemente.
Diez meses a la sombra y otra vez a las andadas.
En el juicio que se ha celebrado contra este hombre, la acusación pública fue ejercida por la Fiscal Penal, interina en la Fiscalía nº 6 de la ciudad de Salta, señora Mercedes de la Cuesta, quien había calificado los cuatro delitos cometidos por el motochorro como robo simple.
Según el relato oficial, el condenado tuvo un mes de noviembre bastante movido. En cuatro ocasiones, montado en su brioso corcel de acero, usando un casco negro y sin detener la marcha del vehículo (es decir, «al vuelito») le quitaba de las manos (o del bolsillo trasero) el teléfono celular a mujeres.
El primer hecho se produjo el 4 de noviembre, cuando una mujer hablaba por teléfono en la vía pública y el individuo se acercó y le quitó el dispositivo móvil.
El segundo robo ocurrió solo tres días después: El 7 de noviembre. La víctima regresaba a su domicilio junto a su hijo de 3 años, cuando el motoarrebatador apareció repentinamente y le sustrajo el celular.
En otro caso, también en noviembre, el acusado se acercó a una mujer que se encontraba en la vereda de un local comercial y le arrebató el teléfono móvil.
Finalmente, el 18 de noviembre, una adolescente que subía a la vereda de un local comercial sacó su celular. En ese momento sintió un golpe en la espalda y, al darse vuelta, el sujeto le arrebató el aparato de la mano.
Dice la información oficial que el motochorro fue detenido después «de una exhaustiva investigación que incluyó análisis de imágenes captadas por cámaras del Servicio de Emergencias 911». Lo cual es llamativo, porque generalmente la Policía de Salta detiene a los ladrones callejeros sin investigación de ninguna naturaleza y solo porque alguien les ha dicho: «¡Me acaban de robar!».
En este caso, parece que se tomaron su tiempo.
Al mes siguiente de cometidos los hechos, durante un patrullaje preventivo, la Policía secuestró una motocicleta, conducida por el acusado, que no contaba con la documentación que acreditara su propiedad. Además, el vehículo presentaba adulteración en el motor y el cuadro.
Por su parte, al ser registrada una vivienda del barrio Norte Grande vinculada al investigado, se secuestraron de varias prendas de vestir, así como el famoso casco negro que las víctimas decían que el motochorro utilizaba. En esta vivienda se procedió a la detención del sospechoso.
