El hombre había sido denunciado por su por su pareja y los hechos acaecieron en los meses de marzo y octubre del año pasado.
Sin embargo, el hombre no se lo tomó como Pimpinela, y en vez de decir aquello de «jamás te pude comprender», eligió el camino de la violencia desembozada: la empujó y le provocó lesiones. Ante la agresión, la mujer le pidió ayuda a su hermano, que vivía al lado. El acusado finalmente se fue.
La denunciante dijo que habían existido episodios de violencia previos, pero que ella no los había denunciado para no perjudicar a su pareja en el trabajo. El acusado es docente, «maestro» en violencia de género.
En ese momento sonó el celular de la denunciante y el acusado se lo quitó, no sin antes sujetarla fuertemente del brazo. Inmediatamente, el hombre subió a su vehículo, pero la mujer abrió la puerta del acompañante con la intención de recuperar su teléfono. El hombre la empujó y le cerró la puerta violentamente, golpeándola en el hombro y en la rodilla.
La mujer dijo que, después de la primera denuncia, el hombre siguió insistiendo en retomar la relación, asegurando que él no era violento.

