Cualquier persona carente, sea de vivienda propia o de la capacidad lectoescritora puede, por supuesto, soñar con superar sus dificultades, pero la comunicación pública no puede detenerse en sentimentalismos y debe afirmar, en el caso de la vivienda, el derecho que tienen los ciudadanos más desfavorecidos de Salta a que los poderes públicos les faciliten el acceso a una vivienda digna; y, en el caso de la alfabetización, el deber de todos los ciudadanos y ciudadanas (con independencia de su estatus social) de instruirse en el tramo obligatorio de la educación pública.
Los ciudadanos y las ciudadanas de Salta tienen el deber de aprender a leer y escribir, porque de ello depende en gran medida el ejercicio de sus responsabilidades cívicas y su contribución al crecimiento de la sociedad.
Cualquier iniciativa que promueva la alfabetización de personas adultas es plausible, pero la importancia de estas iniciativas se ve sustancialmente reducida cuando se presenta a la alfabetización como «un sueño», como el del que desea que le regalen un teléfono nuevo para su cumpleaños.
En la educación básica de personas que no la han podido recibir a tiempo hay cuestiones mucho más profundas y de mayor trascendencia social y política que los simples «sueños» o anhelos de una persona.

