En realidad, los ciudadanos de la ciudad de Salvador Mazza son tan creíbles, o más, que cualesquiera otros. No es su «credibilidad» la que está en crisis, precisamente.
Lo que está haciendo agua
es la credibilidad del gobierno, y la de algunos funcionarios, como el ingeniero Villada. Y esto es asunto bien distinto.
Ahora si lo que ha querido decir el ministro es que su
«gran desafío» es recuperar
la confianza de los ciudadanos de Salvador Mazza, probablemente se quede corto con el adjetivo, ya que después de que su jefe, el gobernador
Gustavo Sáenz apoyara decididamente al intendente destituido (como antes lo hizo Urtubey), muy pocos motivos de
confianza tienen los sufridos habitantes de la ciudad fronteriza en la transparencia del gobierno.
Acusar a los ciudadanos de Salvador Mazza de
«poco creíbles» es un insulto. No todos, evidentemente, andan con su credibilidad por los suelos.
Pero para solucionar los graves problemas que existen en la administración municipal de aquella ciudad, el gobierno y el ingeniero Villada han recurrido a la persona adecuada.
El flamante interventor, que lo será por mucho tiempo, sin que los votantes
«poco creíbles» de Salvador Mazza lo hayan elegido democráticamente, seguramente arreglará las cosas como mejor le gusta hacer a él y la única que sabe:
a cabezazos.