En esta respuesta se han mezclado razones puramente técnicas (la mayor transparencia y verificabilidad del voto de papel) con reproches políticos dirigidos contra el gobierno provincial, que –como se sabe– sigue empeñado en una cerrada defensa del voto electrónico.
Pero más que todo esto, lo que ha llamado la atención es que algunos dirigentes políticos que hasta hace poco se mostraban conformes con el voto electrónico o poco beligerantes contra él, hoy lo rechazan de una forma tajante y elogian las virtudes de la llamada «boleta única de papel» que se empleará en las próximas elecciones federales de octubre.
Desde su temprana introducción en Salta, los argumentos para sostener el voto electrónico siguen siendo los mismos. No ha habido ninguna evolución. Tanto es así, que a Villada no se le ha ocurrido descubrir «nuevas virtudes» de la discutida herramienta y no ha tenido más remedio que salir a atacar a su competidor natural.
En 15 años, el voto electrónico no solo no ha mejorado técnicamente en lo más mínimo, sino que políticamente ha sufrido un enorme desgaste, al tiempo que el precio que debe pagar el gobierno a la empresa que alquila las máquinas y escribe el software es cada vez más elevado e injustificable. No es necesario descubrir que se ha hecho trampas con el voto electrónico; basta con tener la certeza de que con él se puede alterar el resultado de unas elecciones, sin que apenas nadie se dé cuenta.
Con la boleta única de papel no se necesita ni siquiera energía eléctrica. Toda la jornada electoral puede transcurrir sin suministro. Los electores no deben encerrarse en una habitación para escoger a sus candidatos favoritos, y de paso, para destruir (o robarse) las papeletas de los otros.
Con el voto de papel el elector tiene una certeza absoluta de que el voto que introduce en la urna será contado por un ser humano y no por una máquina que lee un chip cuya escritura el elector no ha podido controlar en modo alguno. Es esta solamente una razón muy poderosa para proclamar la abrumadora superioridad del voto de papel sobre el voto electrónico.
Contrariamente a lo que sostiene el administrador electoral federal, para utilizar el voto de papel (en que se deben marcar cruces para elegir a los candidatos deseados), no se requiere «capacitación» de ninguna naturaleza. Explicar con detalle a los electores cómo se hace una cruz con un bolígrafo es tan insultante como explicarle a alguien cómo se cuentan los goles en un partido de fútbol.
La descalificación de Villada parece seguir la línea de su nefasto antecesor, Pablo Kosiner, que por defender el voto electrónico implantado por Urtubey dijo aquello tan poco afortunado de que «es tan sencillo que hasta los pueblos originarios pueden utilizarlo».
Parafraseando al huidizo exministro, se podría decir que el voto con boleta única de papel «es tan sencillo que hasta los funcionarios más estúpidos pueden utilizarlo».