Si bien Cornejo ha justificado esta decisión en «los trabajos de la reforma administrativa», lo cierto es que el ministro peregrino (como a él le gusta que lo llamen) no es muy amigo de compartir el poder.
Lo ha demostrado durante su largo desempeño como Juez Federal nº 1 de Salta, luego en la Corte de Justicia (a la que renunció tras darse cuenta de que no podía hacer allí su santa voluntad) y más tarde en el Ministerio Público Fiscal de Salta, organismo que verticalizó al máximo (llegando a crear un consejo asesor presidido por él mismo), hasta que descubrió en la Policía un ecosistema más ajustado a las necesidades de su hipertrofiado ego.
Si interpretamos al pie de la letra las palabras de Cornejo, la presencia de Cruz en su ministerio, «le restaba eficiencia». Ahora que manejará todo solo, las cosas irán -se supone- sobre rieles.
A menudo los gobiernos colocan como número dos en los ministerios a personas que puedan contrapesar la influencia y moderar las decisiones del número uno. A partir de ahora, Cornejo no tendrá quien le tosa en su área de gestión administrativa.
Emergencia penitenciaria
En la misma comparecencia, el ministro peregrino y ahora ministro solano, ha dicho que trabaja en la declaración de la emergencia penitenciaria a nivel provincial. Aunque todo el mundo sospecha que Cornejo asumirá también las funciones de director de la cárcel y hasta manejará las camionetas, todavía no se conocen los exactos términos de la ley.A renglón seguido, y según recoge Nuevo Diario de Salta, Cornejo anticipó que en materia penitenciaria «Hay que hacer obras para palear [sic] esa situación y sacar urgente los detenidos de comisaría».
De lo que se deduce que se van a emplear palas (probablemente no mecánicas) para quitar el «excedente humano» de las comisarías (cual si fueran escombros) y trasladarlos a los nuevos establecimientos penales soñados por Cornejo y que ningún barrio, ningún pueblo, ninguna ciudad quiere acoger.