El pasado jueves 2 de junio, unos minutos antes de las 20.30, el perfil de Twitter del Partido Obrero de Salta publicó un encendido llamamiento a sus militantes para sumarse a la «campaña financiera de invierno» (una especie de asalto al Palacio de Invierno, pero en versión financiera) que servirá para apuntalar -nada menos- que «una salida revolucionaria a la catástrofe actual».
Probablemente, alguien se ha arrepentido de esta convocatoria. Tal vez el frío ha obligado a los siempre disciplinados trotskistas de Salta a modificar sus planes.
Pero lo cierto es que la revolución obrera ya no es gratis ni para los obreros. El que quiera poner en marcha «un plan de lucha contra el ajuste del FMI» debe ponerse a la cola para contribuir con algo de dinero, pues la maquinaria revolucionaria ya no se alimenta simplemente de soflamas y de ilusiones.
El dinero -si es que aparece (y así lo deseamos todos)- provendrá del mismo sistema capitalista que estos entusiastas militantes de la izquierda obreristas pretenden abatir (antes con piedras y adoquines, ahora -al parecer- arrojándoles bitcoins).
Es más: si la «campaña financiera de invierno» da excelentes resultados y la masa de recursos que se obtenga sobre para llevar a cabo la ansiada revolución que nos vacunará contra la catástrofe excede notablemente las expectativas de sus organizadores, es posible que alguien piense que es mejor postergar unos meses la batalla final contra el FMI y fijarse en las muy atractivas tasas de interés, que pueden, en poco, tiempo, duplicar los resultados de la campaña.
