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  • Una propuesta de capitulación y una renuncia barroca
  • La música es arte y el arte es belleza, antes de ser cualquier otra cosa. Por eso es que de los músicos, en tanto artistas, se espera siempre una sensibilidad especial; aun cuando -como músicos- se enfrenten a delicados problemas laborales.
Sabrina Sansone, exsecretaria de Cultura de Salta
Sabrina Sansone, exsecretaria de Cultura de Salta

A finales del año pasado, este mismo sitio web publicó un artículo titulado Sobre la burocratización, aburguesamiento y sindicalización de las orquestas sinfónicas públicas, con el que pretendimos llamar la atención sobre la situación -ciertamente insostenible- de la Orquesta Sinfónica de Salta y de los profesionales que la integran.



En aquel momento sostuvimos la idea de que las orquestas sinfónicas de carácter público o financiadas con recursos públicos, como la de Salta, se enfrentan a menudo con los problemas habituales que afectan a las organizaciones de servicio público, pero que entre estos problemas no debería figurar, de ningún modo, la naturaleza pública del empleo de sus músicos.

En defensa de aquellos a los que consideramos perjudicados por las decisiones del gobierno, dijimos con claridad entonces que la naturaleza pública del empleo de los músicos, lejos de ser un elemento negativo o que predispone a la burocratización de sus integrantes, representa una solución para muchos de los problemas que hacen más difícil o más inestable la vida de las orquestas privadas.

Solo seis meses más tarde, las tornas han cambiado de una manera muy llamativa.

Los músicos de la OSS, conscientes de haber conseguido torcerle el brazo a la Secretaria de Cultura, fueron directamente a por ella, y de la reivindicación de su propia dignidad profesional y laboral pasaron al ataque personal contra aquella a la que identificaron y señalaron públicamente como la causante de todos sus males.

La prensa local ha reproducido un fragmento de un correo electrónico, supuestamente enviado por la representación unificada de los músicos de la OSS a la ya dimitida Secretaria de Cultura, en cuyo lenguaje se advierte, con poquísimo esfuerzo, el abandono total por parte de los músicos del arte de la sutileza.

En el mensaje al que nos referimos, los músicos se dirigen a la autoridad de la que dependen exigiéndole -por ejemplo- que «se retracte explícitamente» de determinadas afirmaciones, o que «reconozca el deseo de desagravio», pero solo de la forma y manera que los músicos desean, sin permitirle a la autoridad requerida que exprese tal desagravio de la forma que mejor lo entienda, o que deje de expresarlo en absoluto.

Parece muy evidente que este requerimiento de humillación total y absoluta no fue redactado por un músico. Más bien, esperamos que así sea, pues sería muy doloroso pensar que entre aquellos a los que se les reconoce públicamente su habilidad y su talento para difundir la belleza haya quien pueda ser tan duro y tan tajante con las palabras que dirige a la autoridad de la que todavía depende.

Alguien le ha hecho pisar el palito a los músicos, y les ha colado entre apuntes de Wagner, Bach, Beethoven, Mozart y Dvořák, la letra destemplada de un Jimmy Hoffa o de un Hugo Moyano, mucho más deslenguados de lo que fueron y lo son.


Una carta de renuncia barroca e innecesaria

Casi al mismo tiempo se ha conocido el texto de la carta de renuncia de la ya exsecretaria de Cutura, Sabrina Sansone, dirigida al Gobernador de Salta.

En esta carta, redactada con un sentimiento muy amargo, inocultable hasta para la propia renunciante, esta alude a su «condición de mujer» (una defensa tan trillada últimamente, que ya no conmueve a nadie) y al hecho -probablemente cierto, pero por otros motivos- de que Salta está «estancada en el medioevo» y que la «caza de brujas o inquisición» [sic] «no solo estuviera bien vista sino avalada desde el poder».

Evidentemente, la señora Sansone -que afirma que ha decidido «morir de pie»- no se ha marchado del cargo que ocupaba por su propia voluntad.

Si nos atenemos a ese párrafo tan revelador, la funcionaria se marcha del gobierno porque ha sido previamente quemada en la hoguera, y porque «el poder» (el mismo al que dirige su amarga carta con el tacto que le faltó en su negociación/enfrentamiento con los músicos) no se ha limitado a ver con buenos ojos cómo ardía la pira en la que ella se ha abrasado, sino que también ha colaborado encendiendo unos cuantos fósforos.

Pero no solo esto se deberá aclarar en los días que siguen. También habrá que ver, si como afirma Sansone en su alambicada carta de renuncia, es verdad que fue «perseguida, acosada y hostigada» y que estas gentilezas corrieron por cuenta de «patoteros disfrazados de sindicalistas» o de «sindicalistas disfrazados de músicos».

El empleo de este lenguaje deja entrever que la dimitida Secretaria de Cultura mira con bastante desprecio al mundo sindical, en general, pero que no tolera que los músicos se organicen para defender sus intereses, como sucede en casi todos los países en los que existen orquestas sinfónicas de alta calidad.

Harían bien los músicos de la Orquesta Sinfónica de Salta en negar que aquel email con claras exigencias de capitulación que han enviado (y que se reproduce parcialmente al pie de este escrito) ha sido redactado «por uno de los suyos», y dejar bien claro que su compromiso como artistas se extiende también al empleo de un lenguaje culto y moderado, y que aquella pieza de desahogo ha constituido un exceso reivindicativo y una forma desdeñable de hacer desembarcar la fealdad en el mundo de la belleza.


Email Sabrina Sansone
Email de la OSS a Sabrina Sansone



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