Al parecer, las concejalas no veían con buenos ojos que al lado del atrabiliario Hernando de Lerma, hubiera un perro de apariencia más bien vulgar oteando el horizonte. Probablemente entendían las ediles que aquel simbolismo de alguna manera venía a darles la razón a aquellos que sostienen que Salta es la capital nacional de los perros callejeros.
Hoy, sin embargo, en el desfile organizado para conmemorar los 444 años de la fundación de la ciudad por Lerma, en el barrio que lleva su nombre, tres niñas en edad de escuela primaria, llevaron bien sujeta una hermosa y reluciente bandera nacional, embellecida aún más por un colorido escudo de la ciudad, en el que se puede ver perfectamente a Lerma con su metálico atuendo de conquistador altoperuano, entre cerros de inigualable verdor, sujetando una lanza y con el ya mencionado perro a su diestra.
Quiere esto decir que el discurso revisionista de las concejalas y sus críticas a la supuestamente inhumana simbología del escudo no han calado en donde se supone que deberían haber calado: en las escuelas primarias. Mucho menos, desde luego en el centro vecinal del barrio Hernando de Lerma.
Está bien que para muchos de nosotros es más héroe el perro que Lerma, pero todavía los dos siguen firmes en la iconografía municipal, para disgusto de los que aborrecen a los conquistadores y de los destructores de estatuas, incluidos aquellos que proponen suprimir el monumento que recuerda el Combate de Manchalá, también conocido en círculos militares como «Monumento al Fernet Branca».
Felizmente, en la celebración municipal de los 444 años de la ciudad que todavía nos contiene a todos se han visto más banderas nacionales que banderas de Salta y más retratos de Lerma (y del perro Lermín) que evocaciones nostálgicas de las concejalas iconoclastas que quisieron alterar los símbolos mediante un proyecto de Ordenanza que felizmente hoy duerme el sueño de los justos.