Lom encarna al exinspector jefe de la Sureté Charles Dreyfus, que ha pasado tres años en un psiquiátrico curándose de su obsesión de matar al inspector Jacques Clouseau, que lo ha reemplazado en el cargo de inspector jefe. El personaje de Clouseau es encarnado por Peter Sellers.
Pero Dreyfus logra escapar del hospicio y en la clandestinidad crea una poderosa red criminal con un único objetivo: acabar con la vida de Clouseau.
Después de intentarlo con una potente bomba en la residencia parisina de Clouseau, Dreyfus resuelve reclutar a unos peligrosos criminales para que secuestren al renombrado físico nuclear, profesor Hugo Fassbender; a quien obliga a construir una espeluznante máquina del fin del mundo, que Dreyfus esconde en la bóveda de un antiguo castillo en Baviera, donde también mantiene prisioneros a Fassbender y a su hija.
Desde el castillo y con el auxilio de técnicos y hasta de un director de cine, Dreyfus consigue piratear el satélite y hacer aparecer su imagen en el televisor del Presidente de los Estados Unidos, mientras este y su staff miraban un partido de fútbol americano. Además del Presidente, en la reunión estaban el Secretario de Estado y el jefe del Pentágono.
En su breve discurso, Dreyfus amenazó con destruir el mundo si las naciones más poderosas de la Tierra no enviaban a sus mejores asesinos a Munich para acabar con la vida de Clouseau, que se encontraba en la Oktoberfest, siguiendo una pista.
El Presidente de los Estados Unidos y su plana mayor se dan cuenta de que Dreyfus va en serio cuando, con el arma construida por Fassbender, el desequilibrado inspector hace desaparecer en cuestión de segundos el edificio de las Naciones Unidas en Nueva York, borrándolo del skyline como por arte de magia.
50 años después, y como si a Blake Edwards se le hubiera ocurrido invertir los papeles de sus personajes, el extorsionador no es un policía francés chiflado, sino el mismísimo Presidente de los Estados Unidos.
Hoy, el líder de la nación más poderosa de la Tierra no solo ha amenazado con hacer desaparecer en cuestión de poco más de una noche a toda una civilización muy antigua y numerosa, sino que también ha borrado del mapa —hablando en sentido figurado— a la Organización de las Naciones Unidas.
Muertos Herbert Lom, Peter Sellers y Blake Edwards, el Charles Dreyfus de 2026 es Donald Trump.
El hombre ha cambiado el castillo de Baviera por la Casa Blanca y la capa con esclavina por una gorra de Make America Great Again, pero sus ideas obsesivas y paranoides son las mismas que hicieron miserable la vida del fracasado inspector jefe de la Sureté.