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  • El insulto tras el insulto
  • El joven atacante argentino del Benfica ha sido uno de los protagonistas del incidente suscitado en el partido que anteayer disputaron en el Estádio da Luz de Lisboa, el equipo local y el poderoso Real Madrid.
Prestiani y Vinícius Júnior se encaran durante el partido
Prestiani y Vinícius Júnior se encaran durante el partido

El otro protagonista de esta sórdida historia es Vinícius Júnior, extremo izquierdo del club blanco.



Sucede que cuando el delantero madridista marcó un fenomenal gol, a los cinco minutos del complemento, fiel a su estilo provocador, se fue a bailar solo junto al banderín del córner, haciendo gestos desafiantes a la hinchada local, que, obviamente, se lo recriminó.

Y se lo recriminaron también los jugadores del Benfica, que lo rodearon inmediatamente.

Pero Vinícius, lejos de pedir disculpas (como querían incluso algunos de sus compañeros) o de intentar desescalar el asunto, siguió con sus provocaciones e insultó directamente a los jugadores del equipo contrario. Fue en ese momento en que el árbitro del partido le enseñó la tarjeta amarilla al delantero brasileño del Madrid, por su clara actitud antideportiva de menosprecio hacia el rival y hacia sus hinchas.

En un plano de las imágenes oficiales de la UEFA, se ve a Vinícius, parcialmente sujetado por Camavinga, encarándose con Gianluca Prestianni y llamándole (sin taparse la boca) «cagón, cagón, cagón de mierda».

Prestianni no se le echó encima. Se subió el cuello de la camiseta hasta la nariz y muy probablemente devolvió los insultos al brasileño. Nadie sabe lo que dijo.

Si bien no es muy deportivo echar mano de los insultos en circunstancias como esta, en las imágenes se ve claramente que Prestianni actúa animus retorquendi; es decir, responde a una provocación previa, acreditada por pruebas contundentes, lo que excluye en principio su culpabilidad y lo exime de sanción.

Obviamente, Vinícius, que estaba a un metro y medio, escucha claramente el insulto del argentino (como este escuchó antes el suyo). Pero es casi imposible que lo haya escuchado Kylian Mbappé, que estaba a varios metros de la escena y que solo se enteró del incidente por el escándalo que inmediatamente montó Vinícius, después de haberlo desencadenado, primero con el reprochable festejo de su gol ante los hinchas rivales y luego con los insultos a los jugadores del Benfica.

No hay ninguna prueba de que Prestianni haya proferido a Vinícius un insulto racista. La afirmación de Mbappé —irresponsable donde las haya— constituye claramente un testimonio inadmisible, pues el jugador francés solo habla de lo que le contaron.

Pero haya o no insultado Prestianni, el caso es que Vinícius, en vez de reaccionar como una persona ofendida, fue corriendo a avisarle al árbitro, como niño miedoso que se refugia en las faldas de su maestra. Su gesto no es precisamente el de un valiente.

Y aquí viene lo interesante. Al autor de todo este desaguisado no le importaron tanto los insultos (presuntos) de Gianluca Prestianni, como la posibilidad de que el árbitro expulsara al jugador argentino del terreno de juego y dejara al Benfica con un jugador menos, a falta de 40 minutos de partido. Es decir, Vinícius Júnior sobreactuó su ofensa racial solo para obtener una ilegítima ventaja deportiva, que, obviamente, no pudo conseguir, porque el árbitro no tragó.

Muy poco se puede decir del comportamiento de Prestianni. Pero nada deberían decir los hinchas y simpatizantes del Real Madrid, especialmente porque el delantero argentino se comportó como un auténtico caballero deportista cuando la Selección Argentina Sub 20 cayó derrotada en el Mundial de Chile ante Marruecos, en una final que se recordará por mucho tiempo por la deportividad de ambos equipos y el buen juego.

El día en que los radicales del Real Madrid respeten a los marroquíes (no solo en los estadios, sino también en las calles, en los colegios y en los trabajos) tanto como lo hizo Prestianni en aquella final, podrán criticarlo. Mientras, tendrán que seguir aguantando que Vinícius Júnior siga siendo silbado y resistido en casi todos los estadios que pisa con su equipo.

Si la máxima cualidad de un jugador de fútbol es la picardía, desde luego que Gianluca Prestianni se merece ser el wing izquierdo de la Selección Argentina en el Mundial de 2026.



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