Esta actividad es la causa directa del comercio ilegal, que daña el medio ambiente, resta oportunidades de empleo, provoca problemas de salud pública y plantea serios desafíos de seguridad urbana.
Quienes estos días denuncian la venta ilegal de pirotecnia sonora en Salta reconocen que los petardos entran de contrabando por la frontera con Bolivia.
Para consumirla, alegan «costumbres ancestrales» unos señores que no solamente nada tienen de indígenas sino que descienden de europeos y pertenecen a los segmentos más favorecidos de la sociedad y a los de mayor poder adquisitivo.
La coca que se consume en Salta proviene, casi en su totalidad, de Bolivia. Solo una ínfima parte de ella ingresa a la Argentina de forma legal. El resto es producto del contrabando.
Los denominados «bagayeros», considerados por algunos como heroicos y sufridos trabajadores, ganan más dinero haciendo pasar por la frontera mercancías prohibidas que productos legales; entre ellos importantes cargamentos de hojas de coca y pirotecnia sonora, utilizando muchas veces para ello pasos fronterizos no autorizados y no controlados por la autoridad aduanera.
Probablemente, si no fuera por la descontrolada pasión de los salteños por la hoja de coca, hoy habría mucho menos pirotecnia sonora en los canales de venta ilegal callejera.



