La información oficial dice que la carlinga, ya toda destartalada, se utilizará en la Escuela Técnica Capitán Marcelo Lotufo «como material didáctico y de formación técnica».
Pero también sorprende que la escuela quiera utilizar la aeronave como «simulador aeronáutico orientado a la capacitación técnica especializada en aviación». Le saldrá mucho más barato montar un simulador en una habitación dedicada, oscura, ventilada y con un espacio mínimo de 3x3, que reconstruir el aparato donado.
Por lo que se sabe, la escuela técnica en cuestión dispone de otras aeronaves en mejor estado de conservación y funcionamiento para este tipo de aprendizaje.
Teniendo en cuenta de que el avión que se estrelló en Rosario de la Frontera tiene la matrícula borrada y no se sabe a qué país pertenece, lo primero que deberían hacer los estudiantes técnicos es devolver el aparato a legalidad (nacionalizarlo, si fuese necesario), si es que se proponen operarlo.
De lo contrario, sería más apropiado que la justicia federal lo donara a un todavía inexistente museo del narcotráfico, en donde el público podrá aprender mucho más que un estudiante de aeronáutica montado sobre un aparato que hace aparecer a los viejos langosteros como un Airbus A380.
