El Día Mundial de los Refugiados 2025 constituye un enérgico llamamiento a la acción y a la empatía en un momento de incertidumbre mundial. Con cifras récord de personas desplazadas por la fuerza y la ayuda humanitaria bajo amenaza, el tema de este año, "Solidaridad con los refugiados, nos insta a ir más allá de las palabras y a tomar medidas significativas para apoyar a quienes se ven obligados a huir. Los refugiados no buscan caridad, sino oportunidades: una vía para reconstruir sus vidas, contribuir a sus comunidades y vivir con dignidad.
¿Cómo mostrar solidaridad?
Centrarse en las historias de las personas refugiadasEscuchar y compartir las historias personales de los refugiados, reconocer su entereza, valentía e identidades polifacéticas más allá del desplazamiento.
Construir comunidades acogedoras
Crear entornos de acogida en los que las personas refugiadas puedan establecer vínculos, encontrar oportunidades y contribuir de forma significativa en las comunidades de acogida.
Trabajar conjuntamente por la paz y las soluciones
Defender el derecho a la protección, abogar por la resolución de conflictos y abogar por futuros sostenibles y a largo plazo para las poblaciones desplazadas.
Defender a los que se quedan y prestan asistencia
Apoyar a la ONU y a sus trabajadores humanitarios que siguen prestando servicio en las condiciones más extremas, para garantizar que la ayuda que salva vidas llegue a quienes la necesitan.
¿A quién se considera una persona refugiada?
Cada minuto, veinticuatro personas lo dejan todo para huir de la guerra, la persecución o el terror. Hay varios tipos de personas desplazadas por la fuerza pero todas tienen algo en común. Conoce las denominaciones de manera más específica.Refugiados
Los refugiados son nuestra principal prioridad y nos preocupamos por ellos en todos los rincones del mundo. ACNUR define a un refugiado a toda persona que debido a fundados temores de ser perseguido por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un determinado grupo social u opiniones políticas, se encuentre fuera del país de su nacionalidad y no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera acogerse a la protección de su país; o que careciendo de nacionalidad y hallándose, a consecuencia de tales acontecimientos fuera del país donde antes tuviera su residencia habitual, no pueda o, a causa de dichos temores no quiera regresar a él.
Solicitantes de Asilo
Solicitante de asilo es quien solicita el reconocimiento de la condición de refugiado y cuya solicitud todavía no ha sido evaluada en forma definitiva. En promedio, alrededor de 1 millón de personas solicitan asilo de forma individual cada año.
Desplazados Internos
Las personas desplazadas internas no han cruzado las fronteras de sus países para buscar la seguridad. A diferencia de los refugiados, su huida se da dentro de su propio país. Si bien pueden haber huido por razones similares a las de los refugiados, los desplazados internos permanecen bajo la protección de su gobierno, aun en los casos en que el mismo gobierno se convierte en una de las causas de su huida. Como resultado, son de las personas más vulnerables del mundo.
Apátridas
Las personas apátridas no tienen una nacionalidad y pueden tener dificultades para acceder a derechos humanos básicos. Millones de personas alrededor del mundo se encuentran atrapadas en un limbo jurídico y no son consideradas como nacionales por ningún país afectando el disfrute de sus derechos básicos.
Retornados
Los retornados, o repatriados, son los que consiguen volver a casa, la mejor solución duradera. El regreso a casa concluye un tiempo a menudo traumático en el exilio. Puede pasar meses, años o incluso décadas después de que tuvieran que huir, y en ocasiones no llega a suceder del todo.
Convención sobre el Estatuto de los refugiados de 1951 y protocolo de 1967
Los refugiados se encuentran entre las personas más vulnerables del mundo. La Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 y su protocolo de 1967 constituyen los instrumentos legales únicos que amparan la protección internacional de los refugiados. Según sus provisiones, los refugiados merecen como mínimo los mismos estándares de tratamiento que el resto de extranjeros en un país y, en muchos casos, el mismo tratamiento que los nacionales.La Convención de 1951, que define quien es un refugiado, contiene una serie de sus derechos y también pone de relieve sus obligaciones hacia el país de acogida. La piedra angular de la Convención es el principio de no devolución. De acuerdo con este principio, un refugiado no debe ser devuelto a un país donde se enfrenta a graves amenazas a su vida o su libertad. Esta protección no puede reclamarse por los refugiados que están considerados un peligro razonable para la seguridad del país, que hayan sido condenados por un delito particularmente grave o que se consideren un peligro para la comunidad.
Los derechos contenidos en la Convención de 1951 incluyen:
- el derecho a no ser expulsado, excepto bajo ciertas condiciones estrictamente definidas;
- el derecho a no ser castigado por entrada ilegal en el territorio de un Estado contratante;
- el derecho al empleo remunerado;
- el derecho a la vivienda;
- el derecho a la educación pública;
- el derecho a la asistencia pública;
- el derecho a la libertad de religión;
- el derecho al acceso a los tribunales;
- el derecho a la libertad de circulación dentro del territorio,
- y el derecho a emitir documentos de identidad y de viaje.
Algunos derechos básicos, incluido el derecho a ser protegidos contra la devolución, se aplican a todos los refugiados. Un refugiado adquiere el derecho a otros derechos cuanto más tiempo permanezcan en el país anfitrión, derecho basado en el reconocimiento de que cuanto más tiempo permanecen en calidad de refugiados, más derechos necesitan.
Mensaje del Secretario General
Hoy reconocemos a los millones de refugiados que se ven obligados a huir de la guerra, la persecución y el desastre.Cada uno lleva consigo una historia de profunda pérdida, desarraigo familiar y futuro trastocado.
Muchos encuentran puertas cerradas y una marea creciente de xenofobia.
Desde el Sudán hasta Ucrania, desde Haití hasta Myanmar, no tiene precedentes el número de personas que huyen para salvarse, mientras el apoyo cada vez es menor.
Y las comunidades de acogida, a menudo de países en desarrollo, son las que cargan con el mayor peso.
Eso es injusto e insostenible.
Pero aunque el mundo no esté a la altura, los refugiados siguen mostrando un grado extraordinario de valor, resiliencia y determinación.
Y cuando se les da la oportunidad, hacen aportes significativos: fortalecen las economías, enriquecen las culturas y estrechan los lazos sociales.
En este Día Mundial de los Refugiados, la solidaridad no debe quedarse solo en las palabras.
La solidaridad tiene que llevarnos a impulsar la ayuda humanitaria y al desarrollo, aumentar la protección y las soluciones duraderas, como el reasentamiento, y defender el derecho a solicitar asilo, que es un pilar del derecho internacional.
Además, tiene que llevarnos a escuchar a los refugiados y garantizar que se tengan voz a la hora de configurar su propio futuro.
Y también tiene que llevarnos a invertir en la integración a largo plazo a través de la educación, el trabajo decente y la igualdad de derechos.
Nadie elige convertirse en refugiado.
Pero sí elegimos cómo responder.
Por lo tanto, elijamos la solidaridad. Elijamos el valor. Elijamos la humanidad.
Fuente: Organización de las Naciones Unidas - en https://www.un.org/es/observances/refugee-day
