No debe de haber nacimiento más público que el que se produce junto al cordón de la vereda, a la vista de los transeúntes y con el auxilio de un taxista o de un policía. La calle no es –por definición– un «ámbito privado».
Al contrario, si en algún lugar la parturienta no tiene ninguna «privacidad» es en la calle.
Felizmente, al Registro Civil no se le ha ocurrido (todavía) distinguir entre las causas de las defunciones y proponer, por ejemplo, que las muertes por causas naturales sean inscritas en la sede central de Almirante Brown 160 y las producidas por arma blanca y shock hipovolémico sean asentadas en la sucursal de Hiper Libertad.