Su primer gran éxito llegó con la película Top Secret! (1984), una comedia absurda que mostró su habilidad para el humor y el canto. Sin embargo, fue su papel como Iceman en Top Gun (1986) lo que lo catapultó al estrellato.
Su momento llegó cuando interpretó al torturado músico Jim Morrison en la película biográfica de Oliver Stone The Doors de 1991. Kilmer demostró ser un actor camaleónico; es brillante en el papel, cantó él mismo mientras interpretaba a Jim Morrison, y los verdaderos miembros de la banda dijeron que tenían dificultades para distinguir la voz de Kilmer de la de Morrison.
A principios de los 90, Kilmer logró dos de las actuaciones más aclamadas de su carrera: en Tombstone (1993) y en Fuego contra fuego (1995). Luego recibió la propuesta para reemplazar a Michael Keaton en Batman Eternamente (1995).
Después de que le diagnosticaran un cáncer de garanta y fuera operado, sometido a quimioterapia y a radiación, su voz ya no fue la misma. Pero Kilmer no dejó de expresarse. Su arte visual, una pasión que cultivó durante años, ganó reconocimiento en exposiciones internacionales.
Además, el documental sobre su vida ofrece una mirada sin filtros: sus triunfos, sus errores y su lucha por encontrar un propósito en medio de la adversidad. Kilmer reflexionó sobre su carrera y su enfermedad con una mezcla de nostalgia y aceptación. “No quiero que me recuerden solo como un actor. Quiero que me recuerden como alguien que amó profundamente lo que hacía y que nunca dejó de buscar la verdad en el arte”, dijo en una de las escenas más memorables.
Val Kilmer enfrentó uno de los mayores desafíos que un actor puede imaginar. Su capacidad para adaptarse y reinventarse, incluso cuando las circunstancias parecían insuperables, fue testimonio de su espíritu indomable.