Según el sacerdote Diego Aguirre, el mismísimo Arzobispo será quien oficie la misa previa a la Nochebuena, que comenzará a las 22 horas, apenas unos minutos antes de que el prelado se siente a la mesa con su inocente copita de los martes.

Don Mario Cargnello va a aprovechar que está en sus dominios para apagar las luces del templo, puesto que si hiciera lo mismo con las de su vehículo SUV en plena avenida Paraguay, seguramente un amable policía de tránsito le haría una boleta por no llevar las luces reglamentarias. Menos mal que cuenta con Assennato para trucharle cualquier documento público.
La gran duda no es si el Arzobispo va a comer vitel toné o chanchito después de la Misa del Gallo, sino cómo se va a iluminar la Catedral al comienzo de la ceremonia.
De las palabras de Aguirre parece desprenderse que por el pasillo de la nave central ingresarán unos ciudadanos sirios envueltos en llamas -verdaderos arbolitos de Navidad vivientes- probablemente a modo de celebración por la expulsión del país del tirano Bachar al-Ásad.
Otros católicos, un poco más sensatos y, sobre todo, algo más amigos de la ortografía, dicen que lo que en realidad Cargnello ha ordenado es que se enciendan unos cirios, que, como casi todo el mundo sabe, son esas velas de cera gordas y largas que suelen arder en los oficios litúrgicos más solemnes.