Probablemente la más memorable de todas es aquella que encierra una promesa muy difícil de cumplir: «En cuatro años nos iremos a nuestras casas; para nosotros la política es un servicio».
Quiere esto decir que ocupar el sillón del Ministro de Economía en la Argentina es lo más parecido a estar sentado sobre un volcán en erupción o sobre uno de esos toros de feria que giran alocadamente.
Evidentemente, don Luis Caputo es un optimista de esos a darle con un fierro; pero no tanto porque confíe ciegamente en que va a recuperar la economía nacional del desastre populista, sino porque cree que acompañará al Presidente de la Nación durante todo su mandato.
Es sabido, además, que el presidente Javier Milei despide a sus colaboradores por Twitter (ni siquiera se toma la molestia de llamarlos por teléfono) y que se desprende de ministros y secretarios de Estado como si fuese una función del cuerpo humano.
«Pa pior», en la Argentina los ministros no tienen un término establecido ni en la Constitución ni en la ley. Duran lo que dura la confianza del Presidente que los ha designado. No se entiende muy bien, pues, que Totito confíe en que va a durar los cuatro años de su jefe. El Presidente de la Nación debería poder ser libre para cambiarlo, si las cosas no van bien o, si por el contrario, van muy bien. Nunca se sabe.
Si nos fijamos en la historia reciente, podremos ver que la mayor duración de los ministros de Economía no asegura de ningún modo su éxito. Cavallo pudo domar la inflación, pero el señor Sourrouille -que duró un poco menos que el cordobés- debió dejar su cargo después de haber hundido al país en la más aterradora de las hiperinflaciones que se recuerde.
Ojalá que Totito acierte y que sus pronósticos se cumplan. Es decir, que la Virgen (no la del cerro) no solamente lo ilumine para ordenar la maltrecha economía nacional, sino que también guíe sus pasos a la hora de dejar el poder en cuatro años, como ha prometido.
Una promesa que ha formulado justamente en Salta, en donde parece que el Gobernador se está pensando muy seriamente presentarse a una segunda reelección, para durar 12 años, como duraron sus dos predecesores.
Eso de «irse a casa» porque «la política es un servicio» está muy bien como eslogan. Pero en Salta es casi como mentar al demonio. Totito debería haber tenido en cuenta este pequeño detalle.