Mientras el crimen organizado provoca auténticos desastres en el Norte provincial y en la misma ciudad capital casi todos los días se encuentran cadáveres debajo de los puentes, la Policía parece ocupada en desarticular «bandas pungas».
Un «punga» no es otra cosa más peligrosa que un carterista; es decir, un ladrón de poca monta y generalmente muy discreto, que no aumenta su potencial dañino por operar en banda.
Desde luego que la Policía se tiene que ocupar de ellos, pero detener, a uno o a varios, no supone «desarticular» una banda, puesto que el éxito del oficio de «punga» no depende de los recursos criminales que puede proporcionar la «banda».
Sabido es que el de carterista es un oficio más bien solitario y en buena medida también egoísta. Los que robaron ayer y fueron detenidos hoy, pueden perfectamente volver a robar mañana, a pesar de que la Policía proclame que los ha «desarticulado».
En cualquier caso, informar sobre la detención de ladronzuelos con la misma solemnidad como si se hubiera lanzado un ataque sobre la Franja de Gaza representa una exageración que rebaja bastante el noble oficio policial y eleva a los «pungas» a un rango criminal que ninguno de ellos seguramente soñó alcanzar.