Con esa cantidad se podrían terminar todas las obras públicas de Salta, iniciar otras nuevas, y, si acaso, darle unos pesos extra a Urtubey y a Parodi porque durante su gobierno se dejaron los pulmones hombreando de aquí para allá bolsas de cemento Portland.
Se trata de un torpedo dirigido a la línea de flotación del gobernador Gustavo Sáenz, que ya desde antes mantenía un pulso con el mencionado Chapatín, pero que ahora lo tiene con el mismísimo Presidente, muy a pesar de la buena disposición del Gobernador a dialogar y a llegar a acuerdos sobre las reformas.
El otro que tiene a Salta bajo siete focos es el «Señor Fusil», un preso de alta peligrosidad que, cuando cumplía condena de reclusión por seis años, se fugó de la cárcel federal de Güemes aprovechando que los carceleros estaban brindando para recibir el año 2024.
El Estado nacional ha ofrecido solo 3.000.000 de pesos de recompensa a quien dé pistas consistentes del paradero del huidizo «Señor Fusil».
Pero esta cantidad se antoja ridícula, comparada con los dos mil millones de verdes (más de tres veces el presupuesto nual del gobierno de Salta) que adeuda su casi tocayo, el «Señor Tabaco».
El precio de la cabeza de «Fusil» debería ser mayor. Solo así se prestigiaría el sistema penitenciario de Salta. Aunque, si por el Gobernador fuera, el sistema se prestigiaría aún más si lograra atrapar en sus redes al «Señor Tabaco» (deudor contumaz de impuestos) y, llegado el caso, también a Chapatín, traidorzuelo consumado.

