Por esta razón, se equivocan los que, a la vista de los resultados de la prueba, destacan la pobre performance de los alumnos (y en ocasiones se ensañan con ellos) y casi nada dicen de la calidad del sistema educativo.
Las pruebas PISA se realizan cada tres años, tiempo más que suficiente para que los responsables de las políticas educativas de los países (y de las provincias) se ocupen de ajustar las tuercas flojas.
Los resultados del informe PISA 2023 (correspondiente al periodo 2022) no han sido buenos para la Argentina y es un buen momento para tomar decisiones en materia de política educativa.
En el caso particular de la Provincia de Salta, la decisión fundamental sería «menos ladrillo y más libros». O lo que es lo mismo, menos dinero invertido en infraestructuras físicas y más dinero destinado a mejorar el aprendizaje, tanto de los alumnos como de sus maestros.
Ahora que el gobierno provincial va a cambiar a su Ministro de Educación, se presenta para los salteños una magnífica oportunidad para que Salta normalice sus propias pruebas de evaluación de la calidad del sistema educativo.
Hasta tanto los expertos se pronuncien sobre este tema, y al solo efecto de competir con un buen nombre con la poderosa OECD, tendríamos que hacer un esfuerzo a nivel local para llamar al futuro indicador de rendimiento y de aprendizaje de Salta con el apetitoso nombre de Informe ANCHI (Aproximación Novedosa Cuantitativa Hijos de la Ignorancia).