Según Bard -la herramienta de AI de Google- «La Agencia para el Empleo de Madrid se llama Salta por su objetivo de facilitar el acceso al mercado laboral de las personas demandantes de empleo».
Pero, más allá de los saltos copernicanos y del afortunado hallazgo de puestos de trabajo, Salta es el nombre de una Provincia argentina (la nuestra), que de golpe se ve confundido con el desempleo en el ámbito municipal de Madrid.
Dice Bard que «el nombre Salta fue elegido por un concurso público en el que participaron más de 3.000 personas. El jurado consideró que el nombre era original, creativo y representativo de los objetivos de la agencia».
Pero aunque así hubiera ocurrido, si al referido concurso público no se le ha aplicado el nuevo reglamento interno del Consejo de la Magistratura de Salta -que tiene validez urbi et Orbi- la elección del nombre es nula de nulidad absoluta.
Estamos ante un probable caso de usurpación de nombre por parte de una autoridad extranjera, por lo que la competencia material en el asunto ya no es de la oficina fantasma que dirige el señor Julio Argentino San Millán, sino de la mucho más concreta y ejecutiva que «conduce» el señor Martín Güemes, quien deberá abandonar lo más rápido posible sus «capacitaciones» de cyberbullying en el trópico para liarse el poncho a la cabeza y hacer honor a su apellido.
Ante tan aterradora revelación, el descendiente del Héroe Gaucho debería ponerse en contacto ya mismo con los principales fortines para ver si, previa declaración de «enérgico repudio», nuestros idómitos guardianes de las esencias salteñas se movilizan y envían tropas montadas y montaraces a la zona de Puerta de Toledo, en donde funciona la sede central de este engendro burocrático usurpador que ilegítimamente ostenta el nombre de Salta.
En el lugar, los gauchos no encontrarán ni asado ni damajuanas. Es la gloria, o nada. Tomar por asalto a caballo una importante sede municipal en Madrid equivale a ganar en el Maracaná por la mínima diferencia.
Si a ello le sumamos el muy reciente anuncio del presidente Alberto Fernández de que se va a instalar en España una vez que abandone su cargo el próximo 10 de diciembre, entendemos que la declaración de hostilidades con la Península tiene que ser total y no admite dilaciones.
Mucho nos ha costado expulsar al invasor de nuestro territorio para que ahora sus epígonos nos roben arteramente un nombre tan ilustre y tan bonito para llamar, además, a una vulgar oficina para desempleados.
Así como nuestra enseña no fue atada jamás al carro de vencedor alguno de la Tierra (tampoco el poncho), el augusto nombre de Salta no servirá para evocar una patología social como la descripta. Antes muertos que sencillos.
Además, Salta no tiene nada que ver con el desempleo, pues en la Salta que conocemos (en la de verdad) no solo hay pleno empleo, sino que el 100% de los trabajadores se encuentra debidamente registrado ante la autoridad laboral.