El reemplazo en dicha reunión del gobernador Gustavo Sáenz por su vicegobernador, el kirchnerista Antonio Marocco, habla del doble juego de Sáenz con el que el mandatario salteño intenta no perder el control de una provincia que, repetidamente, se ha mostrado poco dispuesta a sostener el proyecto kirchnerista.
En esta línea se inscribe, sin dudas, el envío del veteranísimo vicegobernador salteño a la reunión en la que un grupo de gobernadores (16, en concreto), por fuera de cualquier estructura partidaria y comprometiendo innecesariamente a las instituciones neutrales de sus provincias, han decidido hacer público su apoyo al candidato Sergio Massa.
«Sáenz no es kichnerista», repiten al unísono los más próximos al Gobernador de Salta. Sin embargo, a pesar de haber evitado la foto con los demás gobernadores, los hechos demuestran que si no es, al menos mira al kirchnerismo con sospechoso cariño.
Gestos como el envío de Marocco a la reunión celebrada en el séptimo piso del edificio que ocupa el Consejo Federal de Inversiones (CFI) hablan a las claras de un double standard en la postura política del Gobernador de Salta, quien se vería en dificultades no solo para explicar el apoyo a un candidato «como Gobernador» (y no como un político cualquiera) sino también el que la reunión (a la que no asistió pero estuvo representado) se haya celebrado en un organismo público, que, por definición, debe servir a todas las provincias, incluso a las que no comulgan con el gobierno nacional.