Los capitaneados por Lionel Messi disputaron un partido muy serio, equilibrado hasta la primera media hora, con el rival controlando el juego en el medio campo, pero sin llevar peligro al área argentina.
La pena máxima fue ejecutada por Messi, que volvió a cambiar el registro de sus disparos. Esta vez, el 10 argentino -que venía disparando los penales a ras del suelo- sacó un potente tiro a media altura, a la izquierda del arquero Livaković, que se había lucido en la tanda de penales tanto contra Japón en octavos como contra Brasil en cuartos de final.
Cinco minutos más tarde, en la jugada de la noche, Julián Álvarez amplió la ventaja del conjunto argentino al convertir un extraordinario gol después de una galopada desde la mitad de la cancha, sellando prácticamente las aspiraciones del conjunto croata.
En el minuto 69 del partido, Lionel Messi se llevó a la rastra al joven defensor croata Joško Gvardiol, una de las revelaciones del torneo. El capitán argentino, sin la asistencia de sus compañeros en la banda derecha, giró una y otra vez para dejar sin reacción a Gvardiol, penetró por la izquierda, se internó en el área chica y casi sin tiempo ni ángulo, y casi sin mirar, sacó un centro atrás para Julián Álvarez, que definió con la pierna derecha, asegurando el resultado.
Con el 3 a 0 a su favor, la Selección Argentina desarrolló su mejor fútbol. Scaloni mandó a la cancha a Lisandro Martínez, para reforzar la defensa, y más tarde dio entrada a Exequiel Palacios, Ángel Correa, Juan Foyth y Paulo Dybala.
Aun con una formación inédita, el equipo nacional no perdió en ningún momento la línea, mantuvo la concentración y la firmeza en defensa, hasta el que el referee Daniele Orsato dio por finalizado el partido y confirmado la clasificación de la Selección Argentina para su sexta final en la historia de los mundiales de fútbol.