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  • La dignidad de una mujer en la Legislatura
  • No todo es ordinariez y zafiedad en la historia del parlamentarismo salteño. Lo demuestra el suceso que en el año 1959 enfrentó a la diputada provincial Teresa Mesquida y al también diputado Alberto Abdo Flores.
Imagen ilustrativa
Imagen ilustrativa

Teresa Mesquida murió en Salta en agosto de 2007. Con ocasión de su fallecimiento, Iruya.com publicó un extenso artículo que recuerda aquel suceso irrepetible, escrito por el historiador Gregorio Caro Figueroa.



Por su interés, reproducimos íntegramente a continuación aquel artículo.

Teresa Mesquida de Martín, la mujer que hace 48 años (hoy 65) retó a duelo a un diputado que la había ofendido en el recinto de la legislatura local, había nacido en la década de 1920.

Se casó con Laureano Martín, industrial panadero de origen español con quien tuvo dos hijos: María Pompeya y Laureano. En la década de los 90 adhirió a Acción para la República, partido del que fue candidata, a instancias de su amigo, el economista Roberto Guzmán.

Hasta hace algunos años se la vía caminar por las calles de Salta. Su figura delgada y esbelta se movía con paso firme y elegante. Aunque vestía con sobriedad, su imagen evocaba las revistas de moda de los años 50: trajes sastres, guantes, tacos altos, peinados a la moda. Su voz se correspondía con su personalidad. Se la veía siempre vital, atenta, activa. Sin dudas, aquel lance de honor que le dio fama no agotaba su humanidad, aunque la expresó en aquel singular episodio.

Desafío a los prejuicios

El artículo que hoy reproducimos aquí, se publicó en agosto del año 2003, en número 433 de la revista Todo es Historia que entonces dirigía el insigne Félix Luna. Los duelos en la historia argentina fue el tema de portada de ese número. El texto apareció firmado con el seudónimo periodístico de Rodrigo Alcorta, que durante años utilizó Gregorio Caro Figueroa.

Un sonoro cachetazo

Que dos hombres se batieran a duelo por amores o por los celos que encendía una mujer fue moneda antigua y corriente. Que dos mujeres hicieran lo mismo, por motivos pasionales, era más extraño, pero no imposible. Que no era una rareza, al menos en la nobleza europea del siglo XIX, lo confirma el lance entre una princesa de Metternich y una condesa de Kilmannsegg que salieron algo magulladas del campo del honor. Pero realmente extraño fue lo ocurrido el 4 de febrero del año 1959 en Salta, cuando una joven y bella diputada golpeó en pleno recinto el rostro de un diputado ofensor con su guante de cabritilla negra.

«¡Mañana le mando mis padrinos!», gritó Teresa Mesquida del Partido Laborista Federal al diputado Alberto Abdo Flores de la gobernante Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI). En un desesperado intento de compensar la debilidad de sus argumentos, Abdo Flores aludió a la moral privada de Teresa, echando mano a la más antigua y vil de las armas para descalificar a una mujer. Mesquida designó como padrinos al periodista Néstor Salvador Quintana y al abogado Roberto Gerardo Restom. Los diputados de la UCRI Reston Abraham y Roberto Díaz representaron a Abdo Flores.

Mujer inhábil

Acogiéndose a la más antigua regla, la retadora podía elegir las armas, desde cuchillo a pistola. De acuerdo a esos mismos cánones, cuando uno de los protagonistas era una mujer, un eclesiástico o un anciano, estaba permitido que se lo sustituyera por un paladín. Al considerar los padrinos de Abdo Flores que Teresa era inhábil para batirse por su condición de mujer, un tío de ella, de 64 años, ofreció batirse en duelo a muerte en defensa de su sobrina.

Teresa Mesquida, recuerda Ana María Giacosa, era una joven bella y enamorada, culta, inteligente y sensible. Era entonces, alta, esbelta y elegante; de rasgos perfectos. No sólo tenía belleza: poseía una extraordinaria fuerza interior, añade. Destellos de esa energía la percibimos hace unos días cuando conversamos con ella para recordar este episodio en Todo es Historia, 44 años después de que ocurriera. En su casa, frente al Seminario Conciliar, guarda cartas de apoyo y admiración llegadas de otros países, y recortes periodísticos sobre el suceso.

Ofensa a su dignidad

Entre ellos, esta síntesis del acuerdo al que se llegó asentado en un acta que redactaron y firmaron los padrinos:

a) Que su representada, la señorita diputada Teresa Mesquida, fue ofendida en su dignidad de mujer por expresiones vertidas por el diputado Alberto Abdo Flores y también por las manifestaciones del mismo en la cámara, en su sesión del miércoles.

b) Que ante ello solicitaban amplias explicaciones y satisfacciones del ofensor, o en su defecto la reparación por las armas en el campo del honor.

c) Los doctores Abraham y Díaz dijeron que el doctor Flores, como caballero que es, se vería disminuido en su condición de tal si aceptase de una dama un reto del tipo planteado, todo ello sin en entrar a considerar las causales que invocan en el planteamiento.

d) Que consideran inhábil a la señorita Mesquida para promover una cuestión de la situación indicada. Sin embargo, salvada tal circunstancia, mediante el "pariente o representante natural" su representado no eludiría la cuestión.

e) A su vez los señores Restom y Quintana sostuvieron que la señorita diputada Mesquida no está inhabilitada para dicho planteamiento y que el doctor Flores en su carácter de ofensor no puede sentirse disminuido para librar el lance, negándoles a los señores Abraham y Díaz facultades para decidir por ellos mismos y en este acto quien debe ser la persona que represente a la ofendida, en razón de lo cual proponen que la cuestión sea sometida a la decisión de un árbitro o tribunal de honor.

f) A ello los señores Abraham y Díaz respondieron que no aceptaban tal proposición insistiendo en el principio enunciado.

g) Los señores Restom y Quintana opusieron a ello que como caballeros y en defensa del honor de una dama asumen la representación de la ofendida en el lance.

h) Los señores Abraham y Díaz expresaron que además de ratificar el principio expresado, consideran improcedente el ofrecimiento, hecho como caballeros por los señores Quintana y Restom ya que previamente debe demostrarse la inexistencia de un representante natural o alguno de los vínculos prescriptos para este tipo de lance.

No pudiendo llegarse a una solución satisfactoria se dio por terminado el acto debiendo los respectivos padrinos hacer saber sus resultados a sus ahijados.

Teresa Mesquida sin menoscabo de su femineidad demostró que, de sexo débil, no tenía nada.



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