Al leer este titular me pregunté inmediatamente si para el futuro de la Provincia de Salta y de sus habitantes es más importante la extracción de litio que la preservación del medio ambiente.
Pero para cierta prensa superficial, el litio es hoy lo más importante, porque han comprado el discurso oficial que dice que de su explotación se derivarán beneficios económicos fabulosos para Salta, los salteños y las salteñas.
En esta carrera por ver quién llega primero, no caben dudas de que los daños medioambientales (que por otra parte son bastante conocidos) se producirán mucho antes de que las exportaciones de litio se disparen y de que los beneficios económicos el crecimiento del sector de la minería alcancen a una parte significativa de la población.
La disyuntiva entonces es proteger los humedales conforme a los criterios de la ley que regula la materia, o establecer excepciones para que la extracción del litio a escala industrial -que puede acabar rápidamente con la existencia de los humedales- pueda llevarse a cabo sin cortapisas.
Pero ¿qué ocurriría si en vez de tratarse de nuestros humedales en los rincones más áridos de nuestro territorio la extracción del litio entrara en conflicto con la supervivencia del yaguareté?
¿Qué pasaría si para extraer toneladas y toneladas del ‘oro blanco’ hubiera que sacrificar a los pocos ejemplares de yaguareté que existen? ¿Leeríamos en los diarios que las normas que protegen al felino son las que ponen en riesgo la explotación minera?
No soy experto en cuestiones medioambientales, pero casi cualquiera sabe que la extracción de litio a gran escala requiere de un uso extensivo del agua (recurso escaso) y que el proceso puede fácilmente envenenar el agua que consumen las poblaciones locales. ¿Es razonable que paguemos un precio tan alto por unos cuantos puntos de crecimiento económico?
Es verdad que para dentro de diez años se espera que la cantidad de vehículos eléctricos que circularán por el mundo superará los 150 millones de unidades y que los coches eléctricos, con baterías de litio (actualmente un Tesla lleva 12 kilogramos de litio en sus entrañas) reducirán significativamente las emisiones de los coches actuales, movidos por combustibles fósiles.
Lo que hay que preguntarse es si ese avance supone condenar a las áreas productoras del metal a condiciones medioambientales extremas y desfavorables, con contaminación de las aguas, pérdida de biodiversidad y migraciones masivas.
Creo que es momento de bajar un cambio y de moderar el entusiasmo con que se ha recibido la noticia del aumento del precio internacional del litio y de la importante cantidad de reservas que atesora nuestra provincia.
Esta moderación del entusiasmo debe partir de la base de que nuestro futuro como sociedad política de hombres libres no pasa por el litio. Dentro de poco tiempo los coches se moverán con agua, y para cuando ello ocurra nuestros salares habrán sido arrasados, nuestros acuíferos dañados por siglos y nuestro paisaje alterado de forma probablemente irreversible.
La extracción de litio es necesaria y puede reportar grandes beneficios a nuestra economía, pero es responsabilidad de esta generación asegurarse de que su extracción -sea cuando fuere que finalice- no nos dejará exhaustos, no contaminará nuestra tierra y nuestro agua y no comprometerá innecesariamente el futuro de los salteños que hoy están y los que vendrán.

