Ninguno de estos dos magistrados —por los cargos que ocupan en sus respectivos tribunales y el grado jurisdiccional de estos— va a dirigir un juicio por jurados.
Desde luego, la inexperiencia generalizada de la que hablamos no parece salpicar ni de refilón la sabiduría de Vittar ni la de Barrionuevo, que parecen estar contentos con el juicio por jurados como niño con juguete nuevo, hasta el punto de que imparten cátedra sobre una materia que es desconocida casi para todos en Salta.
Es del caso suponer que los jueces del tribunal que, efectivamente, va a dirigir un proceso penal con jurados —aunque tampoco estos se han estrenado todavía— están en bastante mejores condiciones (al menos teóricas) que Vittar y Barrionuevo para instruir e ilustrar a periodistas y comunicadores. ¿Por qué no han sido entonces aquellos jueces los que han impartido la charla?
Cuando el sistema eche a rodar, se supone que los ciudadanos/jurados formarán, a lo largo de los años, un corpus de conocimientos y experiencias que hará innecesario en el futuro que el discurso, la formación y el entrenamiento sobre la materia esté exclusivamente en manos de jueces. Sostener lo contrario equivaldría a admitir que esto de la «participación ciudadana en la administración de justicia penal» no es más que una fachada, una declamación interesada, para seguir disimulando el elitismo judicial y propiciando el injusto endiosamiento de los juzgadores letrados, muchos de los cuales circulan por los pasillos judiciales levantando orgullosos la barbilla del integrismo jurisdiccional.
Es un poco absurdo tener que recordar que la función primordial de los jueces (dentro del universo judicial) es la de dirimir las controversias y aplicar la ley, no la de impartir cátedra. Ni en materia de juicios por jurados, ni en materia procesal, ni en ninguna otra. Pueden hacerlo, si quieren —y, sobre todo, si pueden— en las universidades; pero no creerse que, porque son jueces, sus diplomas les autorizan a andar por la vida dando lecciones de derecho a los demás; sobre todo si los demás han estudiado más el derecho que ellos.
A la hora de aprender sobre juicios por jurados (un sistema enteramente nuevo, bastante alejado de nuestras más prístinas tradiciones de justicia «experta») lo ideal sería que nadie se sintiera más que otro, que nadie mirara a los demás desde un púlpito de altura inalcanzable y que todos aprendiésemos al mismo tiempo a desenvolvernos en el sistema.
Y cuando digo «todos», quiero decir jueces, secretarios, jurados, ordenanzas, periodistas, policías, auxiliares, fiscales, curiosos, ciudadanos y... acusados, porque, a buen seguro, también ellos —por qué no— en algún momento podrán decirnos algo bastante más interesante sobre el sistema que dos jueces que ni queriendo van a dirigir alguna vez un juicio por jurados, pero que han asumido —a mi juicio, de forma injustificada— la responsabilidad de «enseñar» a los simples mortales.